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 domingo, 05 de junio de 2005  
El Concejo solicitó al Congreso Nacional que se llame Juan José Valle
Piden rebautizar la autopista Pedro Eugenio Aramburu
Lo propuso un particular en reivindicación de la "memoria histórica" por la masacre de 27 militares y civiles en el 56

Silvina Dezorzi / La Capital

Si prospera ante el Congreso de la Nación un proyecto de declaración aprobado la semana pasada por el Concejo Municipal, la autopista a Buenos Aires Teniente General Pedro Eugenio Aramburu pasaría a llamarse Teniente General Juan José Valle. Una propuesta que abre nuevamente el debate sobre una de las tantas etapas de violencia política y diferencias irreconciliables en la historia argentina. Y para entender a fondo qué significa ese cambio, hay que recordar quiénes fueron Aramburu y Valle.

Tras desplazar con un golpe palaciego al general Eduardo Lonardi, Aramburu fue el segundo presidente de facto de la Revolución Libertadora, el movimiento militar que en 1955 derrocó a Juan Domingo Perón y proscribió en todos los frentes al justicialismo. Poco después, Valle lideró un levantamiento cívico-militar con el apoyo de muchos peronistas. La respuesta de Aramburu fue implacable: en 72 horas encarceló a cientos de militantes y fusiló a 27 personas. Las ejecuciones nunca fueron perdonadas por la resistencia peronista y ese rencor cerró años más tarde, en 1970, con Aramburu fusilado por Montoneros.

El proyecto de cambio de nombre de la autopista, aprobado unánimamente por el Concejo rosarino, fue presentado por un particular, un empleado de planta permanente del propio cuerpo, para "reivindicar la memoria histórica". No es la primera vez que Ariel D'Angelo lo intenta: ya había propuesto la idea en 2001. "Pero hoy soplan vientos de cambio y me pareció interesante volver a plantearlo", explicó el autor de la iniciativa.

En la fundamentación de su proyecto, D'Angelo recordó que Valle representaba a un sector del Ejército ideológicamente ligado al peronismo y enarboló las banderas de la recuperación democrática con un levantamiento cívico-militar que el 9 de junio de 1956 llegó incluso a tomar dos regimientos, uno en La Plata y otro en La Pampa.

El intento, sin embargo, duró poco: desarticulado en apenas horas por Aramburu, terminó con el fusilamiento de 17 militares y 10 civiles, cinco de los cuales fueron ejecutados a medianoche por presunta complicidad en un oscuro basural de José León Suárez, tal como relató años más tarde en "Operación masacre" el escritor y periodista -luego también asesinado- Rodolfo Walsh. "Nunca antes ni después, en todo el siglo, se volvería a aplicar formal y públicamente la pena de muerte", recordó D'Angelo.

"Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontacimientos", le escribió en una carta Valle a Aramburu, horas antes de ser fusilado y un día después de que ejecutaran a sus compañeros. "Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía (...) Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse (...)Conservo toda mi serenidad ante la muerte; nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado (...) Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la Patria".

El asesinato de Valle alimentó todavía más la ya trágica división entre peronistas y antiperonistas, pero también creó espanto entre la población menos alineada. Y ahora ese clivaje, nunca resuelto, vuelve a poner bajo la lupa los méritos de Aramburu para que una de las principales vías de comunicación argentinas lleve su nombre.

Para algunos, como es obvio, los tuvo. Cuando la autopista a Buenos Aires fue inaugurada -el 5 de octubre de 1979, también durante una dictadura, esta vez la encabezada por Jorge Rafael Videla- el entonces secretario de Obras Públicas de la Nación, Federico Camba, dejó bien en claro por qué llevaría el nombre de Aramburu.

Fue a pedido de una llamada Comisión Femenina de Reafirmación Moral a la Revolución Libertadora. El gobierno militar lo aceptó de buen tono como un homenaje "justiciero" para "el preclaro hombre de Estado y pundonoroso militar que fue Pedro Eugenio Aramburu". Según palabras de Camba, un nombre que serviría a "las generaciones venideras para que cuando transiten este tramo recuerden y rindan homenaje al hombre a quien ofrecemos este tributo".

Sin embargo, bien dice D'Angelo, la historia no es una sola. Depende de quién la cuente y de los vientos que soplen, sobre todo cuando hay heridas que nunca terminan de cerrarse.
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