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 domingo, 31 de octubre de 2004

Reportaje
Daniel Muchnik: "El fascismo no ha terminado"
"Gallo rojo, gallo negro" examina la Guerra Civil española, un conflicto que segun su autor ilumina aspectos del presente

Isolda Baraldi / La Capital

El escritor y periodista Daniel Muchnik estuvo en Rosario y presentó su nueva obra "Gallo rojo, gallo negro. Los intereses en juego de la Guerra Civil española", de Editorial Norma. Muchnik esta vez se interna en una de las contiendas bélicas (1936-1939) más estudiadas, discutidas, retratadas, noveladas y acaso filmadas del siglo XX; él le imprime la letra de su profesión: los procesos económicos que desembocan en la guerra. Al mismo tiempo remarca por qué España fue el globo de ensayo de la II Guerra Mundial. Con convicciones profundamente antifascistas no duda en cuestionar a todos los actores del conflicto ya que avala la hipótesis de que la historia hubiera cambiado con el triunfo de la República. "Me motivé por la actualidad que tiene hoy ese horrendo conflicto", confiesa el periodista. En rigor cuando se recorren las páginas del libro, en donde se abunda en un análisis materialista de la historia, no sólo de España sino del conjunto de Europa, los puntos de contacto con el ahora son varios. "La guerra de Irak es también fascista, la política exterior del imperialismo norteamericano también es fascista", afirma sin medias tintas.

-¿Por qué el deseo de escribir sobre la Guerra Civil española?

-Uno escribe motivado por la actualidad y la realidad. Y lo que yo creo esencialmente es que el fascismo no ha terminado, que el fascismo es una expresión política permanente, además hay un fascismo de izquierda desaforado y un fascismo de derecha desaforado. Hay miles de expresiones fascistas, la intolerancia es fascista, el imperialismo es fascista, Estados Unidos es fascista. Es por eso que me parece que había que recordar que hubo un proceso histórico en el cual la gente se desgarró peleando contra el fascismo y ese fue la Guerra Civil española. Creo que es un tema de increíble actualidad.

-¿Acaso fue la guerra más internacional del siglo XX?

-Sí, sin dudas. Se jugaban muchas cosas. Lo que explico en el libro es que todo el continente europeo estaba fascistizado. Había una islita que era Checoslovaquia y otra isla que era la República de España. Entonces la gente de buen corazón, los justos digamos, vieron que se trataba de una encrucijada. Mucha gente de diversos países, sin ideología definida, entendió que ganar o perder era un punto de inflexión en ese momento histórico. Todos ellos pensaron que tal vez si se paraba el fascismo en España podría servir como ejemplo para toda Europa. Por eso las Brigadas Internacionales fueron muy, pero muy numerosas y provinieron de todo el mundo. Perdieron la guerra, pero qué nobleza tuvieron. Qué ejemplo de potencialidad emocional el dar la vida por un ideal, la mayoría eran muchachos de entre 18 a 25 años, y muchísimos murieron en combate. Esa es otra de las cosas que nos faltan ahora; tenemos carencias de militantes y de alternativas políticas.

-También miles de niños y de jóvenes españoles se vieron involucrados en la guerra.

-Sí, claro. Pero muchos de ellos fueron al exilio porque los padres estaban deseSperados. Había hambre en el frente republicano, había mucha hambre, carencias fenomenales. Peligro de muerte, bombardeos y muchos padres enviaron a sus hijos en guarda a Inglaterra, a la Francia del Frente Popular, a México, a Centroamérica y a lo que entonces era la Unión Soviética. Hay un dato sobre este hecho y es que la mayoría de esos chicos que volvieron a su país después de décadas no se pudieron integrar a España, a la democrática, a la posfranquista.

-Usted dice que por un lado faltan militantes idealistas pero a la vez sostiene que existe mucho fascismo tanto en la izquierda como en la derecha. ¿No se corresponde una cosa con la otra?

-Creo que la juventud no ve alternativas porque el momento presente es un momento muy negativo. La gente está descorazonada, los políticos no ofrecieron soluciones y no se cree más en la militancia. Y ojo, en la Argentina es mucho más grave, en tanto y en cuanto se liquidaron una o más generaciones a partir de la dictadura de 1976.

-Volviendo a la actualidad de la Guerra Civil, usted marca el bombardeo alemán a Guernica como el primer antecedente de un ataque a la población civil contraviniendo todas las normas internacionales vigentes. En estos días observamos bombardeos similares por televisión, por ejemplo en Irak.

-Ves algo de Irak o de Afganistán. Pero hay mucha información negada y vaciada, ya que justamente se mira por televisión y está lejos de lo que es la realidad. Hay pocos testimonios reales de la situación de esa guerra, la destrucción de Irak sin haber comprobado la relación entre Saddam Husseim y Al Qaeda, sin encontrar las famosas armas de destrucción masiva o peligrosas para el planeta, esto es el fascismo.

-Pero en todo caso y en consonancia con lo que pasó en España también hay mucha responsabilidad cómplice de Europa con algunas excepciones.

-Son partícipes del poder supremo. Aquí lo que se acabó es la bipolaridad. Ha surgido la unifuerza, la única fuerza imperial a la cual se subordinan muchísimas naciones. Acordate que en Irak hay soldados de Polonia, de Costa Rica, de Australia, entre muchos otros. Hay una especie de necesidad de lamerle la cola al poder supremo que son los Estados Unidos.

-Hace hincapié en las cuestiones económicas que avalaron y ayudaron a que comience y se pierda la Guerra Civil.

-Lo que explico en mi libro es que hubo una complicidad de las grandes empresas en beneficio de los golpistas, que no eran todos fascistas, ya que había promonárquicos y muchos que defendían el statu quo, además de los intereses de la Iglesia. Por el otro lado, es cierto que había una gran anarquía, no todos eran rojos, ni republicanos, ni socialistas, ni comunistas había una gran mezcla. Las grandes potencias, por ejemplo la neutralidad de Inglaterra o de la propia Francia del Frente Popular demostró que no se quería irritar a Adolfo Hitler ni a Mussolini. El mismo José Stalin no sabía qué hacer, a pesar de que envió armamento pero no por la cifra que envió España que fueron 500 millones de dólares, en oro especialmente. Digamos que hubo una gran traición del mundo hacia la legalidad porque la República era la legalidad, el golpe era la ilegalidad.

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Muchnik es investigador y periodista.

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