
|
viernes,
26 de
octubre de
2007 |
"Me costó mucho volver a empezar"
Aunque en agosto de 2001 Lipobay fue retirado del mercado, sus efectos dejaron graves secuelas y más de 100 muertes en el mundo. Se estima que el remedio fue consumido por algo más de 700 mil pacientes en varios países. En Rosario, Carlos Potocnik quedó al borde de la muerte tras ingerirlo.
Los padecimientos comenzaron en diciembre de 2000, cuando tenía 58 años y su vida se desarrollaba entre el trabajo de viajante y la vida familiar. En ese momento le diagnosticaron una angina de pecho y debió someterse a una angioplastía en el Sanatorio de los Arroyos, donde le insertaron un estent (dispositivo que libera arterias tapadas).
La intervención fue un éxito y el cardiólogo tratante le prescribió Lipobay 0,8 miligramos como tratamiento. Lo tomó durante 26 días y no tardó en producir efectos graves sobre su organismo. Fue internado de urgencia en el Sanatorio Los Arroyos el 5 de enero de 2001, primero en coronaria y luego en terapia intensiva.
Le diagnosticaron rabdomiolisis, una enfermedad que destruye los tejidos. Sufrió una insuficiencia renal aguda y soportó siete sesiones de hemodiálisis por una incisión en la yugular. Su cuerpo quedó paralizado y ni siquiera podía morder. Las esperanzas de vida se esfumaban y sus riñones casi no funcionaban. “Me costó mucho volver a empezar”, le dijo Potocnik a La Capital en agosto último.
Pero al cabo de un intenso trabajo médico se recuperó y a fines de enero de 2001 salió del sanatorio caminando. Con secuelas físicas menores que aún perduran y psicológicas que lo marcarán para toda la vida demandó al laboratorio con el patrocinio de Rodrigo Javier Pujol, del estudio Zacchino-Pujol & Asociados. Ahora la Justicia encontró las pruebas para condenar a Bayer.
enviar nota por e-mail
|
|
|