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 sábado, 22 de septiembre de 2007  
Segunda prueba de vida de un empresario secuestrado

Buenos Aires.— La familia del empresario del transporte Franco Andreola, secuestrado hace 24 días, recibió ayer a la madrugada una segunda prueba de vida de sus captores. Los familiares encontraron un nuevo casete, con una grabación de la propia víctima, y esperan que se acuerde el pago de inmediato para lograr la liberación del empresario.

   La búsqueda de la prueba de vida se hizo a través de un sistema de postas, similar al que los secuestradores utilizan para cobrar rescates. En este caso, los delincuentes obligaron al familiar de Andreola a movilizarse por distintas localidades del sur y el norte del conurbano, hasta que encontraron el casete. Las fuentes no dieron detalles, pero aseguraron que se trata de una nueva grabación en la que se escucha la voz de Andreola dando algún detalle de su vida personal que él sólo puede conocer.



Sin policías. Fuentes de la investigación indicaron que la voluntad de la familia Andreola es pagar y que no haya ningún tipo de intervención policial.

   La negociación es encabezada por la esposa y un allegado de Andreola, quienes en los últimos días ofrecieron una importante suma, aunque aclararon que no pueden juntar el medio millón de dólares exigido originalmente.

   Esta es la segunda prueba de vida que entregan los secuestradores, ya que el 9 de septiembre último, al igual que esta madrugada, dejaron en la zona sur del conurbano un casete en el que Andreola contaba que ese mismo día Los Pumas le habían ganado a Francia por 17 a 12 en su debut por el Mundial de Rugby.

   El secuestro ocurrió el 29 de agosto último cerca de las 23.45, cuando un grupo de empresarios cenaba en un quincho de la firma El Rápido San José, que pertenece a la compañía Flechabus, en la calle Río Cuarto de Barracas.

   En medio de la cena, al menos siete delincuentes ingresaron al lugar, que está en un galpón de la firma, y con armas amenazaron a todos los presentes. Ninguno de los comensales opuso resistencia, de manera que la banda estuvo sólo 15 minutos en el lugar.



El Mini Cooper. Los delincuentes preguntaron quién era el dueño de un auto Mini Cooper estacionado en la puerta del galpón. Andreola, que vende en la Argentina las carrocerías Busscar, de origen brasileño, dijo que era de él y mostró la llave, pero los delincuentes se lo llevaron a él por la fuerza.

   Los dueños de Flechabus, los hermanos Raúl y Guillermo Derudder, y los otros empresarios presentes denunciaron el hecho de inmediato en la comisaría 30, con jurisdicción en la zona, pero la policía no pudo alcanzar a los delincuentes. Los captores tardaron dos días en realizar la primera llamada extorsiva en la que pidieron 500 mil dólares de rescate.

   La hipótesis inicial fue que los secuestradores se equivocaron de persona, ya que Raúl Derudder había vendido dos días antes un Mini Cooper igual al que tiene Andreola. La sospecha de la confusión de empresario se acentuó cuando los secuestradores se comunicaron para decirle a la familia: “Si no tienen la plata, pídansela a Raúl Derudder”. (Télam) l
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