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 domingo, 19 de agosto de 2007  
En busca del voto dormido

Por Mauricio Maronna
A no confundirse: la campaña santafesina es un juego de niños en comparación con lo que sucede en otras provincias. Aquí lo único que abunda es el aburrimiento, la ausencia de debates, la presencia de campañas que, de tan truchas, no llegan al estadío de “sucias”, como exageran los frenteprogresistas y los justicialistas. Para comparar, si los ejemplos llegan desde arriba, observen (y analicen) los lectores la escandalosa sucesión de episodios violentos en la volcánica Santa Cruz.

   Hermes Binner ha cambiado para bien algunos rasgos de campañas anteriores. Hoy es un hombre amable, predispuesto al diálogo con el periodismo no obsecuente hacia su figura y entendedor de las circunstancias. El hombre camina Rosario sin recibir agresiones. Ese es su máximo capital político. No despierta pasiones iridiscentes pero tampoco recibe miradas de bronca. Su campaña no ha tenido grandes modificaciones desde que las primarias del 1º de julio corroboraron la vigencia del peronismo, que ahora deberá ser ratificada en la gran final.

   Cuesta creer que Binner no aproveche como bonus track de su estrategia discursiva haber mantenido a Rosario de pie cuando el país se derrumbaba. Tal vez no lo haga porque ahí debería reivindicar a Carlos Reutemann, quien por esas épocas trabajó codo a codo con el líder socialista. Una fórmula que benefició a toda la provincia.

   Rafael Bielsa tiene características diametralmente opuestas a las de Binner, pero también con rasgos positivos. Desde la época de José María Vernet no hubo un candidato a gobernador con semejante habilidad oratoria, capaz de conjugar sujeto, verbo y predicado e ir a la pulpa del durazno en vez de ofrecer consignas como carozos. Algunos, claro está, confunden esto con “mandar fruta” y toman los arabescos dialécticos del ex canciller como muestra de soberbia. Lo dice sin ambages Fernando Iglesias, autor del libro

“Kirchner & yo”, cuando relata los complejos que aparecían en la pingüinera de Olivos cada vez que el entonces ministro de Relaciones Exteriores desempolvaba citas literarias a la velocidad de la luz.

   Ambos (Binner y Bielsa) cayeron, pese a eso, en ratoneras tendidas por la propia angurria electoral. El socialista no pudo, no supo o no quiso tender puentes hacia Reutemann, haciendo abstracción de las cuestiones partidarias y de competencias electorales pasadas. Y lo obligó (esto quedó claro en 2003) a ponerse la mítica campera roja para que Jorge Obeid sea el gobernador merced a la suma de los lemas, fundamentalmente el que apadrinaba, y que llevaba a Alberto Hammerly como candidato. “Eso viene para después del triunfo, cuando tengamos que ocuparnos de la gobernabilidad. Ahí vamos a acercarnos a Lole, que va a quedar como jefe del peronismo”, tira sobre el tablero de ajedrez un operador socialista.



La ficha de Rafael. Bielsa mantuvo reuniones reservadas con el senador nacional de cara a las últimas semanas de campaña y, en caso de ser gobernador, repetirá lo que hizo Reutemann tras ganar los comicios en el 91: afiliarse al peronismo e ir en busca del liderazgo partidario. Si el 11 de diciembre se calza la banda, el hermano del técnico de la selección chilena habrá sumado un nuevo ismo en la provincia: el bielsismo.

   No hay nada más divertido (o más patético) que consultar con el resto de los candidatos (todos de partidos minoritarios) sobre quién será el gobernador. “Gana Binner cómodo”, dicen algunos. “Vi una encuesta del socialismo que apenas le da dos puntos a su candidato. Arrasa el peronismo”, repiquetean otros.

   El candidato del Frente Progresista se ha dedicado en las últimas semanas a recibir apoyos de dirigentes políticos e intelectuales no radicados en Santa Fe. Además, toda la constelación no kirchnerista que flaquea como alternativa de oposición a Cristina Fernández ruega por el triunfo del socialista.

   Flaco favor le ha hecho la Casa Rosada al peronismo santafesino al despedir con toda la pompa a José Luis López de la Subsecretaría de Defensa del Consumidor. López fue precandidato a senador por el departamento Rosario en las internas del 1º de julio. Su eyección obedeció al presunto pedido de coima de tres inspectores a un panadero de Caballito, en un hecho que había tenido nula repercusión mediática. La bulimia de Guillermo Moreno por sumar espacios de poder hace que el tema esté hoy en todos los diarios y se encadene a los escándalos que casualmente ¿casualmente? explotaron tras el anuncio de que Cristina, y no Néstor Kirchner, sería la postulante presidencial.

   En el oficialismo provincial están esperando que la mujer de voz crispada desembarque el 23 de agosto en Reconquista para darle el último espaldarazo a Bielsa, aunque la caída en imagen e intención de voto de la primera dama ahora no desvela al peronismo santafesino.

   En varias imprentas de la ciudad ya se encuentran listos afiches difamatorios contra el candidato del Frente para la Victoria, pero es el propio Binner quien pide “calma radicales, después hay que gobernar”.



El desafío del Frente. La extensa y soporífera campaña santafesina tiene como dato político más saliente la afirmación de Griselda Tessio respecto a la búsqueda de un pacto de gobernabilidad con el peronismo si es que el Frente Progresista llega al poder. Ni armas, ni poesía: gobernabilidad. Ese será el desafío si es que la coalición ingresa a la Casa Gris.

   El viernes, Bielsa recibió un apoyo de esos que sí hay que tomar en cuenta. Daniel Scioli no anduvo con rodeos y le dio un explícito aval. El candidato a gobernador bonaerense es, hoy por hoy, la garantía del triunfo de Cristina en las presidenciales de octubre merced al peso electoral de la provincia de Buenos Aires y a la inexistencia del Colegio Electoral, un hermoso regalo (¿y van?) que Raúl Alfonsín le hizo al peronismo con la firma del Pacto de Olivos.

   Se escribió en esta columna hace varias semanas que el presidente Kirchner no podría regresar a Río Gallegos sin riesgos de hechos de violencia extrema, algo que sorprendió a los lectores y fue criticado por dirigentes peronistas de Santa Fe. El viernes a la noche, el ex subsecretario del gobierno nacional y ministro de Gobierno de la provincia de Santa Cruz hasta hace pocos meses, Daniel Varizat, atropelló con instinto criminal a un grupo de docentes que repudiaba la presencia del presidente en su propio terruño. Algunos deberían releer a Perón y darse cuenta de que, aun cargada de feroz pragmatismo, hay una cita que no pierde vigencia: la única verdad sigue siendo la realidad.



Arde Santa Cruz. Aunque muchos dirigentes quieran tapar el sol con las manos, amparándose en el crecimiento macroeconómico del país y en cierta hinchazón temporaria de los bolsillos de las clases medias, las huellas de 2001 permanecen en la memoria colectiva de una sociedad que solamente otorga cheques en blanco con fecha cierta de vencimiento. El espeso clima que recorre las calles de Santa Cruz es una muestra de que aún se convive con la brasa en la mano. Para apagarla hace falta tolerancia, respeto y amplitud democrática. La crispación y los discursos confrontativos producen contrastes llenos de bizarría.

   Al mismo tiempo que Cristina cargaba la romana contra “la intolerancia y la violencia que habían ganado las calles de Río Gallegos”, el ultrakirchnerista Varizat usaba su costosa 4x4 para pasar por encima a un grupo de maestros que lo tenía rodeado. Es preferible la insoportable levedad de la campaña santafesina al reguero de odio tan violentamente agrio que baja desde la misteriosa Santa Cruz.

   Con este contexto, seamos realistas, pidamos lo posible.

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