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 domingo, 20 de mayo de 2007  
Tendencias. Cómo moverse en el mundo de la propiedad intelectual
Fiebre en el mercado de la innovación tecnológica
Conocer de patentes y marcas es clave en los negocios

Marcos Cicchirillo

“Existe una especie de fiebre para adquirir tecnología desde la devaluación, que se profundizó en el último año”, aseguró el representante de la Organización Mundial de la Propiedad Industrial (Ompi), José Luis Herce Vigil, sobre la demanda de información sobre patentes y conocimiento habilitado para su reproducción sin necesidad de pagos de royalties que posee el organismo.

Su aseveración tiene su correlato con la realidad. El año pasado este funcionario de origen azteca, que reside en Ginebra, pasó por Rosario y apenas un pequeño grupo de funcionarios provinciales y académicos fue a su audiencia. Ahora, en su nueva visita a la ciudad, se encontró con el auditorio de la Asociación Empresaria plagado de consultores y varios empresarios ávidos de preguntas. Inclusive algún ejecutivo local aprovechó la tecnología inalámbrica que brinda el celular para tenderle una mano a otros ejecutivos ausentes: “Che, ¿vos no que andabas buscando cosas sobre patentes? Porque acá hay unos especialistas que te pueden servir”, se escuchó .



La falta de información

Pero el desconocimiento sobre las reglas de juego del sistema de propiedad industrial no es exclusivo de los países menos desarrollados.

“Según un relevamiento el 95% de los ejecutivos de Estados Unidos y el Reino Unido no sabían qué era una patente”, acota el especialista, quien para romper mitos apela en sus presentaciones constantemente a casos reales que por la magnitud alcanzada en el tiempo (Estados Unidos, Suiza, Japón, China, India, Vietnam o Singapur) parecen que hasta casi grotescos.

Herce Vigil señala que su trabajo no va en contra del espíritu de su organización sino que se trata de exponer que las “reglas de juego son claras”, aunque reconoce no sin ironía que “lo que les molesta a las potencias es que esos países después se hayan vuelto ricos” tras apropiarse de esos avances tecnológicos.

Didáctico, explica los caminos que tienen las pymes, en particular en el Tercer Mundo, para aprovechar las ventanas que ofrece el sistema de patentes. “Hay disponibles 60 millones de patentes y se agregan alrededor de 700 mil al año y hoy con una computadora una persona puede obtener un conocimiento que por su costo le sería imposible asumir”, dijo.

Por otra parte, el especialista disparó una de sus muletillas preferidas, la frase de Thomas Edison que dice: “Yo empiezo donde se quedó el último”, que grafica el punto de partida de muchos empresarios que así arrancaron para hacer fortuna.



David contra Goliat

La “ventajas” del sistema de patentes en Argentina para muchos empresarios locales queda en el terreno de lo macro y lejano de sus manos.

Sin embargo, la guerra entablada por la compañía estadounidense Monsanto (que busca cobrar royalties a los productores por la soja RR) y otras multinacionales de la industria farmacéutica contra firmas nacionales desde la década pasada, instaló el tema en la agenda de preocupaciones de los empresarios de la Argentina.

Hasta hace poco tiempo, parecía sólo un punto clave para los países centrales en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC), pero en la actualidad, aunque tímidamente, empezó a ser también un tema de atención para entidades o instituciones y en el caso puntual de la provincia entre los interesados se encuentran la Federación de Industriales de Santa Fe (Fisfe) o la Bolsa de Comercio de Rosario.



Interés local

Sin embargo, la fiebre sobre las “vetas” del sistema de propiedad intelectual parece estar prendiendo en el resto de los industriales locales, que desde la salida de la convertibilidad apuntaron a captar mercados mediante la sustitución de importaciones que, con la escasez de fondos que pueden destinar a investigación y desarrollo de diseños y productos, buscan en el “copiado” de tecnologías el crecimiento.

Una muestra de ello es que Herce Vigil y autoridades del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (Inpi) se encuentran de gira —casi como las estrellas de rock— por el país, visitando casi una ciudad por día.

Antes de llegar a Rosario, en la misma semana pasaron por Tandil y Río Cuarto, para evangelizar sobre las vetas de un esquema diseñado para la gran escala. A nivel mundial, 25 países concentran el 95 por ciento de las patentes que se inscriben anualmente.

Hoy el 38,2% de los registros fueron realizados por compañías estadounidenses, el 28,2% europeas, el 27,9% asiáticas y más tras vienen Latinoamérica con el 3,1% y Oceanía con el 1,3%.

Sin bien el ritmo de patentamientos alcanzado por Asia será difícil de alcanzar, Herce Vigil señaló que tanto Argentina, Chile, México, Siria y Jordania, son el pelotón que sigue en la grilla de pedidos de solicitudes.



Los sectores más activos

Los sectores más demandados son el biotecnológico, farmacéutico, químico, bienes de capital y alimentación.

Otro aspecto que destacó sobre la evolución de los empresarios locales es que las solicitudes ya no son para que les cuenten de qué se trata el sistema de propiedad industrial sino que ahora son consultas cada vez más específicas, lo que estaría mostrando un grado mayor de conocimiento sobre el tema y si en tal o cual país esa protegido un determinado producto o sus diferentes etapas de desarrollo.

El funcionario señaló que de a poco los empresarios se van dando cuenta de que la mayor cantidad de pedidos de protección son pymes del Primer Mundo.

Según su criterio, por su escala no hacen reservas de mercado generalmente en países o plazas en desarrollo ya que estiman que por su escala difícilmente les interesará visitar.

Esto habilita para que muchas firmas de estos países puedan usar esta tecnología sin ser sancionados ni haber prácticamente invertido nada en el desarrollo de ese producto.

Parado en este punto, Herce Vigil lanza otra “verdad” que aunque obvia no es menos reveladora: “La información es más importante que las patentes”, dijo el especialista.


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La carrera tecnológica determina la competitividad industrial.

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