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 domingo, 29 de abril de 2007  
Tucumán: el valle encantado
Con sus bellezas, el Jardín de la República busca posicionarse como un nuevo polo turístico nacional

Gustavo Orellano / La Capital

A la hora de elegir un destino turístico que satisfaga las expectativas de los exigentes, Tucumán es una opción más que interesante. Su geografía ofrece una diversidad de paisajes y contrastes que deslumbran a primera vista y hasta superan la capacidad de asombro. A pesar de ser la provincia más pequeña del país —22.524 kilómetros cuadrados—, cuenta con lugares que tienen un encanto natural sencillamente majestuoso.

En medio de climas secos y húmedos, en Tucumán conviven ricas llanuras agrícolas, cerros, valles, selvas impenetrables y ríos que conforman una verdadera postal de la belleza. Es un paraíso o por lo menos resulta muy difícil encontrar la diferencia. Todo se hace mágico y aunque parezca increíble hasta se puede apreciar en un radio de pocos kilómetros cómo un cielo azul y soleado luego se transforma en nieblas que cubren el horizonte.

Tucumán es conocida en el resto del país fundamentalmente por ser cuna de la Independencia argentina, declarada el 9 de julio de 1816, pero también atesora otras cualidades que son dignas de conocer. Si bien su economía tiene como pilares a las producciones de azúcar y limón no menos importante es lo que genera la actividad turística, aunque todavía sigue siendo un campo poco explotado en comparación con los potenciales que cuenta.

Descubrir Tucumán es una buena alternativa para quienes quieran sentir lo que transmite la naturaleza en su máximo esplendor y a la vez conocer y mimetizarse con costumbres y culturas propias de una región emblemática del Norte Argentino. Al llegar a la ciudad capital de San Miguel de Tucumán, ubicada a unos 960 kilómetros de Rosario, el turista entrará en contacto con un paisaje urbanístico cuya fuerza radica en el simbolismo que ofrece su patrimonio histórico, arquitectónico y cultural. La casa histórica de la independencia, iglesias y capillas, museos y centros culturales, y la sede de gobierno frente a la plaza céntrica son algunos de los atractivos de esta coqueta ciudad que además tiene un gran movimiento comercial.

También hay vida nocturna y un excelente servicio de gastronomía tanto en el pleno centro como en la zona denominada Yerba Buena. Además cuenta con casino y una oferta hotelera dirigida a diferentes target de mercado. Pero si bien San Miguel tiene vuelo propio y es un punto de referencia obligado para los visitantes, sería un error casi imperdonable privarse de conocer los circuitos turísticos que la rodean.

Claro que a nadie se lo ocurriría volver a su lugar de origen sin acercarse hacia los valles y montañas que forman una suerte de telón de fondo al oeste de la capital provincial. Allí está la seducción natural de Tafí del Valle, Amaicha, Colalao y El Pichao, sitios donde todavía se venera a la Pachamama (tierra madre). No menos cautivamente es internarse en la vegetación selvática de Las Yungas, cuya geografía ofrece lugares veraniegos como San Javier, Raco, El Siambón y Villa Nougués.

Y como si esto fuera poco en el sector sur de la provincia aparece la Laguna del Tesoro en medio de mitos y leyendas que predisponen a escuchar una buena zamba en la Feria de Simoca. Pero esa suerte de itinerario colosal también debe incluir al Valle de Choromoros, el cual abre las puertas para recorrer la antigua ruta al Alto Perú y disfrutar de la villa veraniega de San Pedro de Colalao.



Turismo de aventura

Los amantes del turismo aventura tienen la posibilidad de hacer cabalgatas y travesías especialmente en las zonas serranas de Tafí del Valle, un lugar que reúne características ideales para vivir en plenitud las maravillas de un paisaje soñado. También hay lugares para practicar deportes náuticos en diques o ríos, y disfrutar de la vida de campo en estancias centenarias. Los adeptos al parapente o aladeltismo tienen una pista ideal en la Loma Bola, cerca de San Javier, y quienes prefieren pescar encontrarán varias opciones en ríos, arroyos o diques. La oferta deportiva también incluye trekking, mountain bike, rappel, montañismo y aventura en 4 por 4, entre otras actividades.

“Nos interesa transmitir a los rosarinos y santafesinos las bondades turísticas que nuestra provincia tiene para ofrecer ya que cuenta con paisajes realmente preciosos y once microclimas”, sintetizó la titular del Ente Turístico del gobierno tucumano, Mercedes Paz. La funcionaria explicó que “la provincia cuenta con nueve mil plazas hoteleras de las cuales seis mil están en San Miguel y el resto en la zona de valles”, al tiempo que aseguró que “también hay camping”.

Además adelantó que del 26 al 28 de junio próximo se realizará la Fiesta del Azúcar y que ya se están preparando las actividades para celebrar un nuevo aniversario de la declaración de la Independencia.

El presupuesto con que cuenta el gobierno de Tucumán en materia turística aumentó de 2003 a la actualidad de 300 mil pesos a tres millones gracias a una ley que convirtió al Ente Turístico en un organismo autárquico. “El gobernador dijo que ahora se viene el tiempo del turismo y vamos a trabajar a full en ese sentido”, dijo Paz. Además coincidió con su par de Rosario, Adriana Giromini, en la necesidad de establecer lazos de intercambio para fomentar el turismo histórico.



Por Tafí del Valle

A dos mil metros de altura y sólo a 107 kilómetros al oeste de San Miguel de Tucumán se encuentra Tafí del Valle, un verdadero oasis de la naturaleza que forma parte del circuito conocido como Valles Calchaquíes. Para llegar desde la capital provincial hay que tomar por la ruta nacional 38 para luego empalmar con la provincial 307 y desde allí comenzar a ascender por un camino asfaltado de sinuosas curvas y contracurvas.

En su trayecto se puede apreciar el cauce del río Los Sosas y una copiosa vegetación que emerge entre cerros y quebradas. A mitad de camino y dejando atrás La Heladera o Fin del Mundo está ubicado el monumento al Indio, construido por el escultor tucumano Enrique Prat Gay, cuya obra rinde homenaje a los “chasquis”.

Al llegar a Tafí se respira un clima de tranquilidad que se conjuga con las bondades de su paisaje. El tiempo parece detenerse y su rica historia se presenta en cada rincón evocando sus antepasados. En el centro del poblado abundan los locales comerciales de venta de artesanías y también hay bares y restaurantes. Aquí también se realiza la Fiesta Nacional del Queso, actividad heredada de los jesuitas y que aún se preserva como un tesoro.

En esta zona también funciona una red de turismo rural integrada por casas de campo, artesanos y fabricantes de productos alimenticios regionales. El Castillo de Piedra y las estancias Los Cuartos, Las Tacanas y Las Carreras constituyen una de las princiipal ofertas hoteleras de la provincia de Tucumán.
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