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domingo,
05 de
noviembre de
2006 |
El cazador oculto: "Instantáneas
de la semana
de Halloween"
Ricardo Luque / Escenario
Gracias al cielo, fue una semana de terror. Qué más se puede esperar de la temporada de Halloween. Calabazas y diablitos. Y, por supuesto, diversión a lo grande. No fue acá, a la vuelta de la esquina. Nada que ver. En Rosario, pasarla bien es otra cosa. Bien distinta. Y para esta fecha lo máximo es embarrarse hasta la orejas, mientras se hacen largas colas para comprar un sublaky, con el pop latino de Marcela Morelo a todo volumen en los altoparlantes de la Feria de las Colectividades. Si se tiene suerte de que el viento no se levante por los aires los sueños de pasar una gran noche de primavera junto al río. Una película de terror. Acaso la más escalofriante que pueda imaginar para un corazón sensible a los bailes típicos, la cerveza tibia y el strudel rancio. Un menú espeluznante. Peor que una tarde de lluvia con la nariz pegada a la pantalla del televisor y una pila de películas gore más sangrientas de la historia del cine -"Hostel", "Alta tensión", "El juego del miedo"- mientras, a medida de que las escenas de torturas, mutilaciones y descuartizamientos se suceden una detrás de otra ahogando hasta el último aliento, se acerca el horario para ir al dentista. ¿Se entiende? Algo así como ser condenado a mirar del crepúsculo al amanecer un larguísimo programa especial con lo mejor de "El show de AJ", matizado con flashes de Marcelo Tinelli anunciando los nominados de "Bailando por un sueño" y la banda de sonido de Ileana Calabró. Con los ojos siempre abiertos, como los de Alex en "La naranja mecánica", de Stanley Kubrick, o los de la gente que da vueltas y vueltas por el Parque de la Bandera, entre volutas de humo, pibes chorros y olores que se impregnan en la ropa y que, por mucho esmero que se ponga al lavarla, se quedan ahí para siempre, preguntándose por qué las papas fritas y la Coca Cola son comidas típicas de todas las colectividades del mundo. Un misterio digno de una sesuda investigación de un antropólogo social. Una coincidencia acaso motivada por razones profundas o una mera casualidad. Cómo que la fecha de la Feria casi coincida con la Noche de Brujas. ¿Será por eso que siempre llueve? Asusta sólo pensarlo.
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