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 domingo, 24 de septiembre de 2006  
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Los negocios de Indiana Jones están de moda

Eduardo Remolins

Hacía cinco horas y media que el norteamericano Denis Simioni navegaba en canoa en el medio de la selva de Honduras. Finalmente encontró a los Tawira, la tribu local que extraía y usaba el famoso aceite de Ojón.

Los había buscado desde que descubrió que su esposa obtenía mejores resultados (brillo y resistencia) aplicándose aceite de Ojón en el cabello, que utilizando los cosméticos capilares más caros. Su suegra, de origen hondureño, le contó que en Tegucigalpa era posible comprarles el aceite a los Tawira, pero era muy difícil llegar hasta sus aldeas y ganarse su confianza.

Como dueño de una agencia de publicidad cuyos clientes eran importantes empresas de cosméticos, Simioni sabía el negocio que encerraba ese producto natural. Apenas tuvo su primer contacto con ellos comenzó el trabajo para patentar el uso del aceite extraído de ese árbol tropical.

Siete años después, Ojon Corp. (la firma que creó), vende cosméticos a base de Ojón en los EEUU y Europa, factura US$40 millones y tiene 32 empleados. Aunque el número de "empleados" puede ser engañoso. Ojon Corp. no emplea a nadie para cosechar el fruto del Ojon, se lo compra a los indígenas.


Desarrollo local
El pueblo Tawira tiene hoy 1.000 miembros que trabajan a tiempo completo en esta actividad en 30 aldeas de Honduras, Nicaragua y Panamá. Además han incrementado 230% el precio que obtienen por el producto.

Los indígenas han creado comités (integrados en un 80% por mujeres, que son quienes mayoritariamente participan en la cosecha) para negociar los precios con Ojon Corp.

Aunque siguen siendo un pueblo pobre, la mejora en su bienestar puede medirse por el hecho de que los jóvenes y adolescentes ya no se dedican al peligroso buceo para pescar langostas, que antes representaba su principal medio de vida.


Negocios naturales
La demanda creciente por productos naturales para alimentación o belleza permite que pueblos alejados de los grandes centros de importancia económica demográfica puedan alcanzar los mercados de más altos ingresos con productos que incorporen valor agregado.

El aceite esencial y los derivados de Rosa Mosqueta, en la Patagonia Andina, o la explotación del aceite de Ungurahui en la localidad amazónica de Iquitos, en Perú, son casos que se inscriben dentro de esta misma tendencia.

Como siempre, el elemento esencial es el emprendedor. Aquel que reconoce qué cosa es negocio en los mercados globales y de qué capacidades o recursos dispone en la economía local para aprovecharlos, aunque haya que internarse en la selva. Negocios y aventura. Mejor que Indiana Jones.

eremolins@surnorte.org.ar
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