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 sábado, 23 de septiembre de 2006  
Yo creo
"Una buena idea ayuda a sobrevivir"

Rodolfo Bella / Escenario

Una idea es, generalmente, el primer motor de una película. El problema es encontrarla y, recién después, contar una historia con ella. Y hacerlo de manera convencional o no. La idea precede a la acción, el ritmo, la puesta en escena, el diseño de arte, a las decisiones sobre la forma de manejar la cámara o la dirección de actores. Todos los aspectos son importantes para el producto final y complementan aquello que genera todo el proyecto. Hay ideas breves, mínimas, en torno a las cuales se teje la trama como una telaraña en la cual inevitablemente y sin advertirlo el espectador queda atrapado. El jueves se estrenó "Sofacama", una muy buena película por donde se la mire. Buen guión, buenos trabajos del elenco, inclusive, sí, sorprende el desempeño de María Fernanda Callejón que está entre los mejores. Es impecable la puesta en escena y el diseño de arte que describe por sí mismo a los habitantes de la casa. Y sin embargo, ese esfuerzo tiene un rendimiento moroso en la pantalla ¿Por qué si tiene todo a favor? Es poco lo que pasa y la idea de mostrar la decadencia y la supervivencia de una familia, resulta más un paneo sobre la intimidad de una mujer de clase media, luchadora y generosa. Además de mostrar las primeras fantasías sexuales de su hijo adolescente. Es la provocación lo que se escurre sin que se advierta; es el conflicto que casi se diluye sin que llegue a producir un poco de urticaria. Sin embargo, hay películas con ideas mínimas que dejan huella. Desde "La intrusa", sobre aquel cuento sobre dos hermanos y un crimen, con sus diálogos acotados y su cámara tan intrusa como sus protagonistas, todavía suena inquietante; "Un día muy particular", nombra sin palabras la angustia, la frustración, la decepción y el fascismo, y sigue dando escalofríos cuando se piensa en la manipulación y el control. Y todo ocurre entre la cocina de un departamento donde una mujer recorta fotos de Mussolini y la terraza del edificio; "La soga", con su clima claustrofóbico y su rigor matemático en la construcción de un crimen todavía sorprende; o la argentina "Un buda", que hace difícil olvidar los conflictos y el humor al borde del disparate del protagonista. Todas economizan recursos, pero siguen provocando con una buena idea.


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