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 jueves, 24 de agosto de 2006  
Editorial
La economía, viento en popa

Más elementos se suman para dar base al optimismo que campea en el Palacio de Hacienda: la decisión de la mayoría de las grandes industrias de tomar más personal y ampliar su capacidad, con el agregado de que se reclama mano de obra especializada, permite vislumbrar que la pata agroexportadora dista de ser la única que sostiene el éxito del modelo.

Hace rato que muchos argentinos olvidaron cómo se escribe la palabra crisis. A pesar de que la caída en el abismo que sufrió el país a fines de 2001 después de la previsible debacle del sistema de convertibilidad no está tan lejos como parece, la resurrección experimentada a posteriori y que se manifestó con plenitud durante la gestión de Néstor Kirchner dista de haberse detenido.

   Es que a pesar de que los desocupados suman todavía un millón, los datos confirmatorios de la continuidad de la reactivación se suman sin pausa: superávit comercial sostenido, verificable descenso de la tasa de desempleo y, también, la conclusión a que llegó un informe difundido por este diario en su edición de anteayer, vinculada con la decisión adoptada por la mayoría de las grandes industrias para el futuro inmediato: tomar más personal y ampliar su capacidad instalada.

   El relevamiento efectuado por el Centro de Estudios para la Producción (CEP), dependiente de la Secretaría de Industria de la Nación, develó que tres cuartas partes de las compañías consultadas planean incrementar su producción durante el presente año, con el agregado de que más del cincuenta y cinco por ciento de ellas tiene previstas alzas en tal sentido que superan el apreciable porcentaje del cinco por ciento.

   Lo más importante no es sólo que el proyecto de contratar a más empleados se encarama sobre la misma tendencia cuya expansión se patentiza, sino que los rubros más demandados por las empresas integran la categoría mano de obra calificada: técnicos y profesionales encabezan, en efecto, las listas de pedidos. Y los sectores que demandan mayor cantidad y calidad de trabajadores son de importancia crucial en el marco de una economía que ha vuelto a poner a la producción nacional como meta número uno: se trata de alimentación y bebidas, tabaco, textil, papel, petroquímico, químico, minería, metalmecánica, automotriz y autopartes, entre otros.

   Bienvenido, por cierto. Las voces críticas que aluden a la dependencia que el modelo actual registra en relación con el poderoso motor sojero merecerían detenerse con cautela ante la contundencia de los datos expuestos, sobre todo a partir de un hecho alentador en extremo: la recuperación de la demanda por parte del mercado interno. Y es que si bien la devaluación se transformó en impulso automático para el sector agroexportador, la sustitución de importaciones ya es un valioso fenómeno en marcha.

   Otro detalle positivo que aquellos que leen entre líneas subrayaron con trazo firme es que la mayoría de las grandes empresas que contestaron a las preguntas afirmaron no haber perdido participación de mercado como consecuencia de las importaciones.

   Nuevo reflejo, en síntesis, de una realidad concreta que debería arrancar una sonrisa en la cara de cada argentino: el barco de la economía está en plena marcha y el viento impacta en la popa. Sólo hace falta que la política —signada por la implacabilidad sectaria en la lucha por el poder— se ponga de una vez los pantalones largos y acompañe con madurez un proceso del cual depende el futuro de todos.


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