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domingo,
28 de
mayo de
2006 |
Protegen y restauran el histórico
Monte de los Ombúes en Victoria
Durante años la reliquia botánica no recibió el debido mantenimiento y padeció la depredación animal y humana
Lizi Domínguez / La Capital
Victoria.- Tras varios años de abandono e incluso depredación animal y humana, la comuna encabezó obras de mejoramiento, limpieza y reposición de ejemplares del monte de ombúes que se extiende al pie del Cerro de la Matanza de esta ciudad, a pocos metros de la Abadía del Niño Dios.
La reserva ecológica, altamente valorada por los turistas, es considerada como una rareza botánica porque la phitolaca dioica -denominación científica del ombú- crece en forma aislada y no en formaciones boscosas, como ocurrió en la Ciudad de Las Siete Colinas -como los entrerrianos acostumbran a denominar a Victoria-.
Desde la década del 70 el cuidado del añoso monte estaba a cargo del Victoria Auto Club, el cual obtuvo la custodia oficial del predio en 1987. La entidad se encargó de limpiar, cercar el lugar y plantar nuevos ejemplares.
A a fines de los 90 una movida ecológica encabezada por varios sectores locales se organizó para que el municipio le retirara la salvaguardia a raíz de rumores sobre que los vehículos que intervenían en las competencias en el circuito contiguo contaminaban el ambiente y atentaban contra la supervivencia de los ombúes. Por ese entonces también se decía que el club automovilístico se aprestaba a ampliar la pista y para eso pretendía retirar varios ejemplares.
La historiadora victoriense María del Carmen Murature de Badaracco, en 1998 escribió una carta de lectores motivada por la noticia de que el club "proponía talar parte del monte -o lo que queda de lo que era un gran monte, que se extendía por la rivera del riacho Victoria hasta el paraje llamado Monte Grande- para ampliar un circuito de carreras de autos".
En su nota -publicada en un medio local- señalaba que "esta gente, si tiene inteligencia la usa para apretar dos pedales y conducir el volante de una máquina que no hace más que dar vueltas en un circuito sin ningún fin útil o productivo, y para hacerlo necesitan destruir una reserva ecológica única en el país y un lugar histórico".
En 1999 se expidieron sobre el tema los ingenieros agrónomos Santiago Andrés -victoriense residente en España- y Luis Maluh -asesor por ese entonces de la Dirección de Espacios Verdes del gobierno de Buenos Aires y ex director del jardín botánico de esa ciudad- quienes coincidieron en que la reserva se encontraba "en un proceso de deterioro comprometido afectando los ejemplares más añosos y adultos, los cuales presentan daños importantes en sus troncos blandos. Su pirámide poblacional está estancada en ejemplares adultos debido a un mantenimiento inadecuado de su estrato herbáceo, lo cual ha generado falta de fertilidad".
Los profesionales sugirieron instalar una barrera para que los animales de la zona no depredaran los brotes jóvenes, la descompactación y aireación de la capa superficial del suelo, el tratamiento terapéutico de la corteza de los ombúes existentes y la implantación de nuevos ejemplares en hoyos profundos y con tierra nueva, transplantados de otros viveros o almácigos y separados de las plantas adultas.
A los informes de estos ingenieros se sumó el trabajo de los alumnos de séptimo grado de las escuelas victorienses Florentino Ameghino, Bernardino Rivadavia y Nicolás Avellaneda, quienes hicieron una serie de consideraciones históricas, geográficas, ecológicas y ambientalistas y en noviembre de 1999 plantaron nuevos ejemplares en el lugar.
Finalmente, la comuna desafectó al Victoria Auto Club del cuidado del monte y a pesar de que éste fue declarado en 1990 de interés municipal y provincial, en los últimos años el alambrado perimetral se perdió y comenzaron a entrar animales que causaron la consiguiente depredación, se talaron algunos ejemplares y el sitio se plagó de yuyos y alimañas.
Otro factor que contribuyó al deterioro del lugar fue el desarrollo desde hace unos años de carreras de moto cross, cuyo circuito incluía como dificultad el paso entre los ombúes.
La leyenda
El Monte de los Ombúes -como acostumbran llamarlo en Victoria- es una de las pocas formaciones boscosas que se encuentran en el planeta y única de su tipo en la Argentina por la gran cantidad y estrecha proximidad entre sus ejemplares.
Aparentemente, la reliquia ecológica habría surgido espontáneamente hace cientos de años, aunque la leyenda de que los aborígenes charrúas plantaban un ombú por cada ser querido que moría podría explicar este supuesto capricho de la naturaleza.
A mediados del siglo XVIII, los minuanes -que pertenecen a la familia de los charrúas- se enfrentaron por última vez con las tropas de los conquistadores españoles en donde hoy se encuentra lo que llamaban la Ciudad de las Siete Colinas.
Durante varias décadas las misiones españolas padecieron el carácter indómito de los dueños originarios de las colinas, por lo que, ante la imposibilidad de someterlos, se ordenó una cruenta campaña de exterminio que estuvo a cargo de Francisco de Vera y Mujica, el teniente gobernador de Santa Fe. El Cerro de la Matanza fue el escenario de la batalla final.
A los españoles les atraía la riqueza de la tierra de esa zona pero los minuanes eran un escabroso obstáculo. Luego de la impiadosa batalla la zona se pacificó y comenzó el proceso de ocupación. El nombre originario de Victoria fue justamente La Matanza.
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Entre curiosidades y leyendas la infrecuente formación de ombúes es valorada por los turistas que llegan a Victoria.
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