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domingo,
28 de
mayo de
2006 |
Tema de la semana
La pluralidad es la suma de los
distintos y no de los iguales
El presidente Néstor Kirchner, en su discurso del 25 de Mayo, dijo algunas cosas que merecerían precisiones. “Tenemos que ser generosos, tenemos que convocar a todos aquellos argentinos que por arriba de cualquier cuestión chiquitita, quieren consolidar una patria diferente”, lanzó con vehemencia dejando la estela de un pensamiento al cual es difícil oponerse. Ese es un mensaje convocante, de unidad que, por desgracia, no sintonizó con las líneas centrales del discurso del primer mandatario en la plaza de Mayo, donde volvió a cargar contra todo lo que no esté clara y sumisamente alineado con su conducción.
La dificultad es que no queda claro cuál es esa patria diferente a la que hace alusión, porque no está explicitada. Por ahora, luego de tres años de gobierno, la Argentina se sigue pareciendo demasiado a sí misma. Han cambiado muchos adjetivos, pero los sustantivos siguen siendo los mismos.
En un aspecto en el que el presidente ha tenido un claro rumbo es en la política de derechos humanos y su constante reivindicación de Madres y Abuelas de plaza de Mayo. Ese sí es un ejemplo neto de su ideario. Se puede adherir o no, pero no caben dudas. Pero, por ejemplo, no resulta claro a qué se refiere, porque él mismo no lo explicita, cuando sentencia: “Y al final un día volvimos a la gloriosa plaza de Mayo a hacer presente al pueblo argentino en toda su diversidad”. ¿Quiénes son los “nosotros” que volvieron? ¿Son montoneros, peronistas? Porque debe recordar el presidente que la convocatoria del justicialismo de 1973 y 1974 fue muy variada, aunque siempre dentro del movimiento dirigido por el general Juan Domingo Perón. Y en esa plaza estuvieron presentes, cantando consignas partidarias, sindicales y del movimiento Montoneros, los que se habían matado a tiros en Ezeiza. Por eso es tan importante, después del baño de sangre que se desató con el terrorismo de Estado a partir de 1976, definir el “nosotros”. Porque el 1º de mayo del ‘74 Perón optó y echó de la plaza a una parte del “nosotros” que el presidente Kirchner dijo en su discurso haber integrado el 25 de Mayo de 1973 desde la plaza.
Los procesos políticos se definen por los resultados. Los exitosos números que exhibe el presidente hoy en día son su aval para buscar la reelección y para sentir legítimamente que está firmemente sentado en el sillón de Rivadavia y que aquel 22 por ciento al que lo condenó el desprecio de Carlos Menem por las formas institucionales ha sido claramente derrotado por la legitimidad de gestión.
No es la primera vez que el país tiene buenos números en su economía. Alfonsín iba bien hasta un momento de su gobierno, al igual que Menem, que con la convertibilidad logró durante años cifras positivas. Al punto que fue reelecto, luego de seis años de gobierno, por más del 50 por ciento de los votos, seguramente por muchos de los argentinos que el año próximo es probable que le den un contundente triunfo a Kirchner. El propio presidente lo debe haber votado.
De allí que, con la legitimidad que da la gestión con viento a favor, es válido discutir en el país otros temas que permitan cambiarnos como sociedad. Es allí donde el presidente no parece muy permeable a escuchar campanas disonantes, sino que busca adhesiones y más adhesiones.
Y es en ese punto donde surge el gran interrogante: ¿cuál es ese país diferente que proclama? Cuál es el modelo propuesto, de qué modo se va a mejorar la productividad de la economía, la calidad de la educación, los resultados de la investigación, la calidad de las instituciones, la igualdad entre los ciudadanos, la libertad de la prensa. Las sociedades más exitosas del mundo tienen alternancia en el gobierno y oscilan entre el centroderecha y el centroizquierda, que acuerdan políticas macro de Estado, marcando su impronta en los matices.
En la Argentina tenemos matices muy profundizados porque no tenemos políticas macro y confundimos unos con otros. Sobre todo porque esos rumbos superiores son justamente los que salen no de los que piensan lo mismo, sino que son los que se negocian entre los sectores distintos. Por ahora, una concertación para el presidente se constituye con los que acepten encolumnarse detrás de ese proyecto propio, que no termina de quedar claramente explicitado y que a cada paso se manifiesta con eufemismo como el “nosotros” de los que han regresado a la plaza de Mayo.
La gestión de Kirchner puede ser más o menos exitosa, lo que resulta claro es que por ahora no es convocante, ni generosa. Puede ser numerosa, pero de ninguna manera es plural, como pidió Kirchner el jueves. Porque la pluralidad se construye con los diferentes, no con los iguales, sean propios o cooptados.
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