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domingo,
28 de
mayo de
2006 |
Panorama político
Las golondrinas de Plaza de Mayo
Mauricio Maronna / La Capital
En la misma Plaza donde hace poco más de cuatro años se respiraba pólvora, se derramaba sangre y se escupían balas, el jueves se vivió una fiesta de esas que tanto les gustan a los peronistas. Una música conocida pero, esta vez, remixada y entonada por el coro K.
Aquellos desafíos de masividad lanzados por las columnas sindicales, universitarias o (retrocediendo un poco más la cinta) por las "formaciones especiales" lucen hoy raídos, en retroceso y cediendo el paso a un nuevo universo formado (paradojas de la Argentina) por los nuevos pobres, reclutados en movimientos piqueteros oficialistas a cambio de un plan social.
Algunas agrupaciones de derechos humanos le permiten a Néstor Kirchner formar una coraza que lo cubre de las acusaciones de "pejotismo", mala palabra en los oídos de Hebe de Bonafini o Estela de Carlotto pero que resultan un inocultable comodín a la hora de colmar el histórico emblema nativo.
Las dialécticamente despreciadas organizaciones peronistas (por la task force de la progresía) fueron las que a puro aparataje aportaron decenas de miles de participantes al acto-aniversario del 25 de mayo.
Para los opinadores todoterreno que florecen en los medios (capaces de hablar con la misma ligereza del Código Da Vinci, el crimen de Matías Bragagnolo o la interna de Amsafé) la noticia de la semana pasó a ser la Plaza K, a la que descalificaron sin más. Los mismos comunicadores que ayer fueron seducidos y ahora se sienten abandonados por quien creían que venía a salvarlos de esa mezcla de Biblia y calefón que fue, es y será el peronismo.
El que peor la pasó fue Agustín Rossi, quien recibió el jueves, en un canal de cable, una catarata de adjetivaciones y críticas. El diputado santafesino es casi el único dirigente con peso en el firmamento kirchnerista que debe recorrer con disciplina férrea cada set televisivo poco propenso al color. Por suerte para su jefe, la actualidad muestra la vida color de Rossi. El ex presidente del Concejo rosarino no se deslinda ni un milímetro del deber ser que dictan en Balcarce 50.
En síntesis: la Plaza en la que hace tan poco tiempo (diciembre de 2001) corrían balas asesinas, el jueves tenía aroma a choripán. Y no está mal. Hayan sido 200 mil los presentes, como dijeron los más moderados, 350 mil como vociferaron los locutores del acto o 500 mil como exageró la agencia oficial de noticias, la Plaza estuvo a full y el presidente lanzó su estrategia electoral hacia el 2007, sea o no sea candidato.
Como por arte de magia, la palabra "concertación", que tanto se anunció por parte de voceros part time del gobierno, no fue pronunciada en el discurso del santacruceño. Decidió mutar hacia un vocablo más soft: "Pluralidad".
Sin embargo, a partir de la nueva consigna, muchos confirmarán el pronto llamado a radicales, socialistas e independientes para integrar las segundas filas. Algo que pone los pelos de punta a un sector del justicialismo santafesino, que observa con preocupación la notoria ausencia de Carlos Reutemann del centro de la escena.
El senador apenas dio señales, el 25, con un cartel que rezaba "Lole-Roxana, presentes". Una especie de pasacalle que los enamorados cuelgan en la vía pública, quieren creer los optimistas. Un resabio de corona de mal presagio, se persignan los preocupados.
No es tiempo de conclusiones apresuradas cuando la provincia está cruzada por vendedores berretas de información en mal estado. "Que una falsa primicia nunca le haga perder la credibilidad, estimado", fue el consejo que le dio a La Capital el viernes uno de los pocos interlocutores cotidianos del presidente.
La imponente puesta en escena kirchnerista se contrapone al desconcierto y la baja autoestima de la oposición, que lee la ruta de navegación como un intríngulis. Salvo Elisa Carrió que, rápida de reflejos, salió a enfrentar el discurso del jefe del Estado con el intachable mensaje del cardenal Jorge Bergoglio en el tedeum.
"Deben sentirse felices aquellos que no temen poner en juego sus ideales, porque aman la pureza de sus convicciones sin esperar los aplausos, el relativo juicio de las encuestas o la ocasión favorable de mejores posiciones", un tiro por elevación al santacruceño pero también a los que esperan un resbalón para pasarle por encima.
Kirchner ingresa a la fase final de su mandato con todas las velas izadas, conocedor de que el 80 por ciento de imagen positiva que riega la gestión puede más que un gran acto. Doscientas mil personas significan poco más que un punto de rating en la TV. Pero, como buen peronista, sabe que siempre hay que tener aceitados los aparatos para que no se oxiden.
Y que, como canta la popular, "esta hinchada quiere festejar".
Como el cruce del Jordán se parece cada vez más a la Santa Fe-Coronda, la mesa de arena de Olivos cree que la "pluralidad" servirá para sacar de la escena el término "borocotización", que goza de mala prensa y se ha convertido en un estigma para todo aquel que se siente seducido por las luces del centro del poder.
El crecimiento de todos los índices macroeconómicos, la perseverante lucha para sostener el superávit fiscal, la portentosa mayoría en el Parlamento, el coqueteo de varios gobernadores e intendentes radicales para romper filas con su partido de origen y un conato de rebelión en el ARI para seguir el camino de la primera borocotizada de la era K, Graciela Ocaña, le hace reverberar en su conciencia la posibilidad de negarse a la reelección y pasar a la historia como el chileno Ricardo Lagos.
"Eso es una película de ciencia ficción. Lupín reformó la Constitución para hacerse reelegir, impuso un plebiscito para posibilitar su re-reelección y se quedó 12 años en Santa Cruz", avizora escéptico un conocedor de los laberintos sureños que regresó a la Capital Federal tras la renuncia de Sergio Acevedo.
A Kirchner, además de caja, le sobra tiempo: si anuncia su deseo de competir por otro mandato obligará a una recomposición urgente de las fuerzas opositoras, unidas por el espanto aunque no haya amor entre ellas. Si renuncia indeclinablemente a ese derecho, el olfato de los peronistas que hoy hacen profesión de fe pingüina partirá hacia otros brazos.
El presidente Goza de un handicap pocas veces visto en la historia al ingresar a su tercer aniversario con un 80% de voluntades que le sonríen. No quiere malquistarse con la clase media por ningún aspecto y bajo ninguna circunstancia. "Tumbaron a dos presidentes sin ningún complejo de culpa, si trastabillo me pasan por encima", sostiene en la intimidad el primer mandatario. Eso explica las atribuciones que le dio a Guillermo Moreno, secretario de Comercio, quien mantiene a los formadores de precios entre la espada y la pared. La inflación es el único fantasma que se puede corporizar.
Para ajustar el tracking de su administración también debería contemplar los desequilibrios sociales que se mantienen en el tiempo. Casi la mitad de los asalariados percibe sus remuneraciones en negro y buena parte de los trabajadores reciben sueldos que los ubican por debajo de la línea de la pobreza.
Al tanto de esos números, y a la hora de justificar un eventual segundo mandato o la candidatura de la inteligente Cristina Kirchner, ese déficit será utilizado para "completar una gestión" que termine sin saldo deudor.
Será la mejor manera de evitar que buena parte de la masa crítica (otrora duhaldista y menemista) que lo vivó el jueves en la Plaza de Mayo no emigre como las golondrinas en busca de un nuevo clima, de otro sitio que la cobije y le permita seguir disfrutando de la alfombra roja.
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Fotos
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El presidente Néstor Kirchner.
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