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 domingo, 28 de mayo de 2006  
El cazador oculto: "Nostalgias de viejas glorias de la televisión"

Ricardo Luque / Escenario

¿Qué tienen en común un diputado nacional socialista, una artista plástica de vanguardia y un motoquero de corazón sensible? Una pregunta difícil, por cierto, salvo que se haya asistido al cumpleaños de Magazine. La reunión, que se celebró en los salones del Museo Castagnino, reunió a la flor y nata del planeta mediático. Y en esa fauna, bien se sabe, hay de todo, como en botica. En un rincón, estratégicamente ubicado para tomar por asalto a las bandejas de canapés ni bien abandonaban la cocina, estaba Pepe Grimolizzi. El productor de espectáculos, que desde que tiene competencia anda por la vida con el gesto adusto del Pitufo Gruñón, se trenzó en una ardua conversación con Marito Borgonovo, un galán otoñal más afecto al champagne que a las disquisiciones filosóficas. Tan entretenidos estaban en sus menesteres que, pese a ser un par de viejos perros de presa, ni siquiera advirtieron la aparición de una rubia de figura inquietante y look neohippie que caminaba, con gesto displicente, entre la gente. "¿Quién es?", preguntó con la mirada Leo Ricciardino, que desde que Roberto Caferra partió a Brasil se tomó a pecho la obligación de reemplazar a su coequiper de "En otras palabras". En la radio, en Pan y Manteca y también en los coctels, que como todo el mundo sabe son la especialidad del periodista de LT8. Pobre Leito, casi muere en el intento. Tendría que haberle pedido consejo a Augusto Saracco, que, con la excusa de que cubre los eventos para "Good Life", no deja pasar una invitación. "Tiene más noches que la luna", comentó mordaz Salvador Distéfano y lanzó una estruendosa carcajada. Igualita a las del Tío Cosa de "La familia Adams". "¡Mirá!, llegó Morticia", exclamó el motoquero, que pese a su aspecto rudo resultó ser un osito de peluche. Pura nostalgia. Se refería a Pecky Land, que llegó envuelta en una larga capa negra que, cuando entró en calor, se quitó y dejó al descubierto los atractivos que se insinuaban bajo las atrevidas transparencias de la camisa también oscura. Inquietante. Pero no más que la escotada y ajustadísima remera negra que mostró Clarita García (sí, la mandamás de Servicios Públicos de la Muni) cuando se sacó el sempiterno saco animal print que luce en cada reunión social a la que le toca en suerte asistir. Infartante. Carlitos Bermejo, el anfitrión, ni enterado. ¿En qué andaría el picarón?
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