
|
domingo,
26 de
febrero de
2006 |
Un creador
perdido en su
propio laberinto
Cuando sus amistades de la alta sociedad de Nueva York vieron reflejadas las confidencias que le hacían a Capote en los adelantos que el escritor publicó en el libro que planeaba llamar "Plegarias atendidas", le cerraron definitivamente las puertas de su mundo. Con orgullo y cinismo, seguro de que lo suyo había sido nada más y nada menos que arte, aseguran que Capote reaccionó: "¿Qué pensó toda esa gente, que yo era el bufón que habían contratado para que los divirtiese?". Final oscuro para alguien que no pudo disfrutar mucho tiempo de ese sueño que persiguió al salir de su casa en Alabama decidido a consquistar Nueva York. Capote estaba convencido de haberlo conseguido, y también de su talento y su singularidad. Según contó su biógrafo Gerlad Clarke, en junio de 1984, dos meses antes de morir, el escritor aseguró: "Ahí tienes al único Truman Capote. No ha habido nadie como yo antes y nunca habrá alguien como yo cuando me haya ido".
Con "A sangre fría" intentó llevar al extremo sus ideas: "¿Cómo puede un escritor combinar con éxito en una sola estructura todo lo que sabe acerca de todas las demás formas literarias?", se preguntó. Entonces se propuso probar que su narración de unos hechos concretos podría ser tan absorbente como una buena novela de suspenso más imaginativa. Su "no ficción" fue la inspiración para lo que luego se llamó el "nuevo periodismo".
A pesar del éxito, todo cambió para el escritor. "A sangre fría" dio a Capote fama y dinero. Pero también marcó otro punto clave en su vida. "En la vida de algunas personas -dijo su biógrafo- hay momentos en que, vistos en perspectiva, se pueden percibir como líneas que definen el principio de un surgimiento o una declinación dramática. La causa más cercana de su trágica caída, por ser lo que es, sin duda fue «A sangre fría»".
enviar nota por e-mail
|
|
|