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 sábado, 18 de febrero de 2006  
Artesanos - sastrería
Legado familiar
Dedicados al buen vestir de damas y caballeros, la familia Caliotti continúa diseñando trajes a medida como hace setenta años

Paulina Schmidt

Su traje viejo y antiguo quedará nuevo y moderno. Transformamos trajes cruzados a derechos", decía la publicidad que anunciaba la reinauguración de la sastrería Caliotti en la década del cuarenta. Hoy, luego de tres generaciones dedicadas al oficio de confeccionar y arreglar prendas, Alberto Caliotti charló con Estilo sobre los pormenores de un oficio que comenzó su padre hace setenta años, cuando inevitablemente para estar bien vestido había que usar traje.

Aunque hoy es menos frecuente encontrar jóvenes que usen trajes a medida, salvo para casamientos y profesiones específicas, continúa siendo un atuendo distinguido para quien aprecie el atributo de la elegancia.

Tijeras y planchas antiguas, y algunas revistas ubicadas en la vidriera del local, dan cuentan de la experiencia de una familia ligada al buen vestir. El negocio, ubicado en Pellegrini y Maipú, cambió su fachada al compás de la ciudad. La esquina de siempre fue testigo de buenos y difíciles momentos y de una historia iniciada por Salvador Caliotti, el fundador de la sastrería.

"Mi padre falleció a los noventa y dos años, pero trabajó hasta el final. Algunos entraban al negocio sólo para saludarlo porque recordaban que había confeccionado el traje de casamiento de sus padres", dijo. Alberto, hoy al frente del local, quien rememora los comienzos en este oficio que salvo las variaciones de la moda, se mantiene intacto, y le abrió las puertas también a su hijo Leonardo.

Con diecisiete años, don Salvador era un eximio cortador y hacía trajes de primera. "Era un sastre completo porque confeccionaba cualquier tipo de prenda. Su familia era de origen siciliano y de condiciones muy humildes. Con diez años comenzó a trabajar para ayudar en la casa, debido a la enfermedad que padecía su papá. Acostumbrado a visitar a unas tías y a entretenerse con una máquina de coser, al momento de estudiar se inclinó por la sastrería".

Comenzó en una habitación pequeña del viejo conventillo, que en el •47 se demolió adoptando la actual fisonomía. El nuevo local se levantó sobre la esquina de Maipú y Pellegrini, por el que desfilaría una clientela selecta y distinguida. "Mi madre, autodidacta y multifacética en las actividades manuales, también tuvo que ver en los comienzos, ya que siendo novia de mi padre lo ayudaba a coser", continuó Caliotti.

Cuando el negocio comenzó a marchar bien, decidieron instalar dos sucursales en Buenos Aires, una en Santa Fe y otra en Mar del Plata. Pero, no resultaba fácil la comunicación entre las distintas casas y la sastrería decidió continuar con su primer y querido local de avenida Pellegrini.


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