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domingo,
11 de
diciembre de
2005 |
Entrevista. La líder del ARI acusó a Bielsa de ser "cómplice de la mentira"
Carrió redobla su ataque al gobierno
y asegura que "esto no termina bien"
Lilita enciende la luz amarilla frente a los vaivenes políticos y económicos desatados tras el triunfo electoral de Kirchner
Javier Felcaro / La Capital
Aún no se cumplió una semana de su regreso al Congreso de la Nación y Elisa Carrió ya marcó la cancha. En alerta por los vaivenes políticos y económicos que sacuden la Casa Rosada desde las elecciones que cimentaron el liderazgo de Néstor Kirchner, la líder del ARI enciende un rubio, lanza una bocanada de humo y descerraja: "Esto no puede terminar bien".
Fiel a los pronósticos, la diputada asegura a La Capital que en los próximos dos años predominarán la "coptación de dirigentes, compra de votos y corrupción generalizada". También aclara el porqué del voto del ARI respecto a Eduardo Lorenzo Borocotó, fustiga al ex canciller Rafael Bielsa por sus cabildeos y destaca que la salida de Roberto Lavagna de Economía confirmó sus denuncias sobre irregularidades en la obra pública, "pero desde el propio poder".
-Reingresa a Diputados en un momento político bastante especial.
-Hay que hacer una doble lectura. Primero está lo que yo denominé glamour de centroizquierda con metodología fascista. Lo que pasó en la Capital Federal es una muestra de lo que ocurrirá en el país. Frente a la posibilidad de perder nos hicieron una operación mafiosa con una mentira, después eligieron el ganador, que es Mauricio Macri, pero también le robaron un diputado, y concluyó con las idas y vueltas de Bielsa.
-Fernando Braga Menéndez, el publicista del presidente, reconoció ante este diario la posible existencia de una operación política en su contra. Y dijo que usted se la merecía por atacar al ministro de Planificación, Julio De Vido.
-(Carcajada). Bueno, eso habla muy mal de Braga Menéndez, ¿no? Además, Lavagna confirmó absolutamente todo lo que dijimos (sobre irregularidades en la obra pública), pero desde el propio poder.
-¿Cómo se traducen los movimientos de Bielsa?
-No hay excusas y él formó parte, fue cómplice de la mentira y de la estafa electoral. Pero es una metodología fascista y no la podemos circunscribir a la falta de integridad personal de Bielsa, Borocotó o (el jefe de Gabinete) Alberto Fernández. Lo vengo denunciando hace meses frente al más absoluto silencio del resto de la oposición y en la crítica bastante fuerte, incluso del periodismo.
-¿Cómo serán los dos años que restan del mandato de Kirchner?
-Predominará esta característica: coptación de dirigentes, compra de votos, corrupción generalizada en la obra pública, que es lo que demostró la ida de Lavagna, y persecución a empresarios.
-¿Cree que la sociedad vislumbra ese escenario a futuro?
-La pregunta central es hacia dónde vamos, casi entre la ilusión y el desencanto final. Lo resumo así: si bien sé hacia dónde vamos, no voy a decirlo. La nave ya partió con un capitán, Kirchner, y otro, De Vido, extremadamente corrupto, pero no tiene control. Se vienen momentos nada fáciles para el país, las instituciones y los argentinos.
-Tampoco hay que descuidar el frente económico...
-Lo que también está en cuestión es la economía, y no precisamente la macro. El problema inflacionario es grave y el control de precios es un mecanismo de corto plazo que, a mediano, estalla. Por un lado hay enormes problemas políticos y de carencia de instituciones con consecuencias económicas y, por el otro, existen problemas económicos agravados por la crisis política. De modo tal que una sociedad que jamás reacciona frente a los problemas morales o institucionales, por lo menos en una importante proporción, puede llegar a hacerlo por efecto del cóctel. No sé cuándo, pero estoy segura de que no termina bien.
-¿No le preocupa que le endilguen, sobre todo el gobierno, una actitud golpista?
-No digo que no haya continuidad institucional. Después, lo que piense el gobierno no me preocupa. Soy antifascista, cualquiera sea el glamour, de centroderecha o de centroizquierda. Pero esto no puede terminar bien. Cuando los países tienen buenas instituciones económicas es, en realidad, porque poseen buenas instituciones políticas y sociales, y no al revés.
-¿La llegada de Felisa Miceli modifica el panorama?
-Había un problema de cajas, algunas en Economía y otras en Planificación. De todos modos, Lavagna era lo más racional dentro de la reserva moral. ¿Qué ocurre con la llegada de Miceli? Queda una sola caja. De Vido, en realidad, controla Planificación y Economía. No es casual que el esposo de la ministra (Ricardo Pacha Velasco) termine designado legalmente como vocal del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargás). Más allá de la persona, lo que interesa es lo que está detrás. Hay una unificación del manejo económico en seres sin racionalidad política. Hablo del presidente, de De Vido y de cajas políticas ilimitadas. Todo esto, por más que Miceli sea una buena persona, es condicionante.
-Lavagna también aportó su cuota para la ruptura.
-Tiene un proyecto político y, en función de ello, previó su salida para diciembre. Incluso se lo anticipó a muchas personas. Cuando la inflación empieza a descontrolarse, él se va para resguardarse. Utilizó la misma metodología de (Carlos) Chacho Alvarez. Por otro lado, Kirchner también quiso desprenderse de Lavagna para controlar una sola caja. En el medio queda una sociedad con problemas de distribución del ingreso y de inflación, víctima de un juego político de poder en el que, a mediano plazo, pierden los dos.
-Algunos ya se disputan el nombre del ex ministro.
-No me interesa, porque si cada uno renuncia para preservarse en vez de hacerse cargo de los problemas que vienen, no hay destino. Nuestro principal inconveniente como Nación es que nacimos predestinados a ser civilizados y tenemos casi una obsesión por volvernos incultos y bárbaros.
-¿Cómo explica la posición del ARI frente al polémico Borocotó?
-No hubo juicio en la Cámara baja. Cuando se reciben impugnaciones a diputados electos lo que se hace en la reunión preparatoria es bajarlas a la comisión de Peticiones, Poderes y Reglamentos, que, en definitiva, realizará el dictamen y el juicio sobre si se admite o no al legislador en la primera sesión ordinaria. Lo único que se decidió es en qué caso corresponde que, hasta tanto se haga el juicio, exista una suerte de medida cautelar, que es la reserva del diploma. Tanto Borocotó como Susana Genem (Frente para la Victoria-Mendoza) tenían los requisitos para ser diputados. La única excepción que acepté como miembro informante en el caso Antonio Bussi es que la persona sea impugnada por la comisión de delitos de lesa humanidad. Se reserva el diploma, lo cual no implica que Patti sea admitido o rechazado. Eso ocurrirá en la primera sesión ordinaria. Los que votaron demagógicamente fueron los otros representantes de la oposición. Lo hicieron en los dos casos y es un pésimo precedente.
-¿Hermes Binner fue demagógico?
-Sí. En dos años la mayoría justicialista puede, con el criterio con que votó la minoría, excluir y no hacer jurar a los propios opositores. Por eso el único precedente que había que admitir era el delito de lesa humanidad, el caso Bussi.
-¿Y el regreso de Chacho y los frepasistas?
-También se sube a la nave, ¿no? Si Chacho en su momento se compró a Domingo Cavallo, ¿por qué no iba a hacer lo mismo con Kirchner?. Es lamentable y forma parte de una parodia final histórica que es inevitable.
-¿Fallaron quienes avizoraron un Kirchner con otro estilo tras las elecciones?
-El problema en estos procesos cuasifascistas es el carácter del liderazgo. Por eso antes de las elecciones dije que era grave si Kirchner ganaba, pero también si perdía. Siempre me acuerdo en estos momentos de Leopoldo Fortunato Galtieri. ¿Malvinas fue sólo él o también una sociedad que aplaudió?
-¿El final que usted anticipa tiene que encontrar al ARI y al socialismo unidos?
-Tiene que haber una congregación sobre una base de principios, con fuerte intransigencia moral y sin ambigüedades.
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Lilita ni siquiera perdonó a Chacho Alvarez.
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