Año CXXXVIII Nº 48958
La Ciudad
Política
Información Gral
Opinión
El Mundo
La Región
Policiales
Cartas de lectores


suplementos
Ovación
Economía
Escenario
Señales
Turismo
Mujer


suplementos
ediciones anteriores
Turismo 04/12
Mujer 04/12
Economía 04/12
Señales 04/12
Educación 03/12
Estilo 19/11

contacto

servicios
Institucional

 domingo, 11 de diciembre de 2005  
Tema del domingo
Kirchner debe trabajar para mejorar las instituciones

El increíble caso de ex canciller Rafael Bielsa llevó esta semana hasta sus límites más delirantes la disolución del sistema político. Pero lo más preocupante es que cuando suceden disparates como el de la fallida ida de Bielsa a la embajada en Francia, tras haber sido elegido como diputado y estando a punto de asumir, su posterior vuelta atrás y su actual intento de hacerse cargo de la banca, las discusiones se mantienen en las formas, dejándose de lado el fondo de las cuestiones.

   Bielsa demostró ser alguien que no está a la altura de las circunstancias y da miedo pensar que la política exterior del país estuvo en manos de quien demostró semejantes debilidades de conducta y personalidad. Y lo peor es que lo hizo supuestamente en nombre de sus convicciones. Pero lo que no hay que perder de vista es que lo sucedido con el ex canciller se debe, además de a su endeble personalidad, a los deseos del presidente de la Nación. Pues fue Néstor Kirchner el que lo sacó de la Cancillería para que encabezara la lista de los diputados de su partido en Capital Federal y luego le indicó, pasando por encima de la voluntad popular, que debía ir a la embajada en Francia. Este ida y vuelta dejó a Bielsa muy mal parado con la opinión pública, con su familia y con el espectro político en pleno. Pues se unieron propios y extraños para condenarlo. Todo, porque él se autotituló como el militante de un proyecto y con esa llave mágica pretendió que se podía actuar de cualquier modo. La realidad le puso límites. Al regreso de este corto viaje al ridículo el presidente ni siquiera atendió al ex canciller.

   Allí también está el caso de Borocotó, nuevamente alentado por el presidente Kirchner, en el cual el mediático médico se pasó al kirchnerismo en el mismo momento en que había ganado a través del macrismo una banca en la célebre Legislatura porteña. Al parecer las razones del salto tránsfuga fueron las más bajas, incluso se habló de la posibilidad de favores en efectivo. Lo grave es que volvió a estar detrás de este tema el propio presidente. Es muy malo, si además a estos casos se les agregan situaciones como las de la primera dama que fue candidata a senadora por la provincia de Buenos Aires invocando su lugar de nacimiento, La Plata, al sólo efecto de competir con el duhaldismo, y después faltó a su obligación de votar en Santa Cruz.

   En todos las situaciones planteadas hay una misma matriz. Se utilizan métodos legales, pero se violenta el sistema político e, incluso, la voluntad popular para seguir una voluntad personal. Hay que recordar que no todo lo legal está bien. Surgen varias preguntas que tienen que ver más con la sanidad del sistema político y su fortalecimiento que con lo legal. ¿Es correcto que alguien sea senador nacional por dos distritos distintos sólo para poder satisfacer la necesidad de definir la interna de un partido? Sobre todo si se recuerda que el senador representa a la provincia. ¿Es correcto que una persona que ha sido elegida por el pueblo en comicios para ocupar un cargo no asuma para irse a otro destino porque se lo pide su jefe político? ¿Es correcto que alguien llegue a un cargo por un partido y antes de asumir se pase a otro?

   Es evidente que en los tres casos la respuesta es no. Porque alguien que fue senador nacional por una provincia debe a su pueblo la notoriedad que ha adquirido. Si no que Cristina Kirchner hubiera llegado al Senado originalmente por Buenos Aires. En el caso de Bielsa, si fue candidato debe honrar a sus votantes, más allá de los deseos de su jefe. Si no comprende esto no tiene las cualidades mínimas para ocupar ningún cargo. Lo que habría que preguntarse es si la solución a su desliz es volver al cargo para el que fue elegido o volverse a su casa, pagando de algún modo su debilidad de carácter. Con respecto al caso de transfuguismo borocotiano no vale la pena dar mayores explicaciones porque es claramente grotesco. Lo lamentable es que el presidente esté en medio de estas situaciones, pues debería ser uno de sus objetivos, de la tan mentada por él “nueva política”, el cambiar la calidad de las instituciones. Cuando Kirchner cuestiona los años del menemismo está también poniendo la lupa sobre los desarreglos institucionales que se hicieron en esa época y que tan malos resultados tuvieron, como el manejo de la Corte.

   Estos argumentos no son una crítica cerrada al presidente, que en otros aspectos muestra claridad de acción. Pero son aspectos que el propio Néstor Kirchner debería tener en cuenta para mejorar su gestión y fortalecerla. La historia muestra que tarde o temprano los pasos en falso se facturan y cuando hay que pagarlos ya es tarde.
enviar nota por e-mail
contacto
Búsqueda avanzada Archivo

  La Capital Copyright 2003 | Todos los derechos reservados