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domingo,
11 de
diciembre de
2005 |
Historias de la noche. La mirada de los jóvenes que se alojan en los hostels
Las rosarinas deslumbran a los extranjeros
Vienen a verlas desde todos los continentes y no se pierden la oferta nocturna que caracteriza a la ciudad
Pablo R. Procopio / La Capital
El grupo fue visto hace poco recorriendo Pichincha y piropeando mujeres. Había un israelí, un yankee y un español; una mezcla rara que Rosario también es capaz de generar si se trata de salir a recorrer la ciudad a la hora en que las luces comienzan a quemar. La oferta nocturna deslumbra a los jóvenes extranjeros que llegan a estos pagos y las mujeres, más.
La opinión de Fermín (28) confirma la regla: "Rosario tiene las niñas más bonitas", dice aun sabiendo que la frase podría provocarle algún altercado con sus amigos españoles, catalanes para ser más precisos.
El joven que llegó de Barcelona pasó por Rosario durante su recorrida por la geografía argentina. Fueron tantos los comentarios que recibió sobre la ciudad que vino por dos días, pero se quedó cinco. Y no dejó de disfrutar los encantos que pocos noctámbulos vernáculos tienen la oportunidad de vivir ininterrumpidamente.
En el recreo por la ciudad, los viajeros eligen sin dudar alojarse en los hostels que se ofrecen como una alternativa completa, económica y de impronta joven.
"En general, recibimos pasajeros de entre 23 y 30 años que llegan desde los sitios más remotos", explica Germán Campi, uno de los propietarios del albergue ubicado en avenida Francia y Salta. En efecto, hace poco arribó un muchacho de Vietnam, mientras que es habitual que lo hagan desde Inglaterra, Holanda, Irlanda, España y Estados Unidos.
Si hubiera que determinar una nacionalidad que exige diversión obligada, los hoteleros apuntan a los españoles. "Y si son de Barcelona, más", agrega Campi.
Aunque los canadienses no les van en zaga. Por lo menos a juzgar por la experiencia de Rasmus y Jamie, de unos 25 años, quienes no pararon de salir con chicas durante las dos semanas que estuvieron en Rosario. "Fue apenas abrimos el negocio", contó Campi antes de recordar que el primero de ambos compró velas y champagne para despedir a su novia en la habitación donde se hospedó. Lo que se dice un canadiense romántico.
Estos norteamericanos habían llegado a la ciudad invitados por amigas rosarinas que conocían previamente y con quienes se reunían muy seguido en el bar del alojamiento.
"De hecho, el mito urbano que indica que acá están las mejores minas ya fue; es una realidad para todos los visitantes", enfatiza el encargado del hostel de Urquiza al 1900, Matías Castro. "Lo dejan escrito en nuestro cuaderno de comentarios", añade.
En ese sitio se hospedan visitantes cuyas edades oscilan entre los 20 y 40 años,
muchos de los cuales vienen a conocer de cerca la "movida cultural" rosarina. En esto, se siente todavía con fuerza el efecto del Congreso Internacional de la Lengua Española de hace un año. "Quieren conocer el lugar donde se hizo este encuentro", remarca Castro antes de poner de manifiesto que los extranjeros pasean por las librerías locales y compran mucho.
Hace un par de semanas dos chilenos doctorados en la Universidad de Salamanca hicieron una especie de tour de textos y se llevaron decenas de libros.
Y ni hablar de la música y el teatro. En el inconsciente de los turistas hay una especie de creencia acerca de que la ciudad es un paradigma de estas expresiones. Un grupo de brasileños se copó con el último recital de Manu Chao que no se imaginaban que los sorprendería en su viaje.
En los hostels saben rumbear a los visitantes ávidos de recorrer los secretos de la ciudad. Varios de ellos recalan cualquier día de la semana en el bar de la esquina de Balcarce y Tucumán, que de noche siempre está abierto. Pero siempre hay sorpresas. Un grupo de vascos que no se resignó a estar fuera de su casa fue a cenar varias veces al Zazpirak Bat, el sitio que concentra a los descendientes de esas tierras en Rosario. ¿Valía la pena viajar tan lejos?
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