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 domingo, 04 de diciembre de 2005  
Corresponsal
Iberoamérica en Berlín
Una biblioteca de un instituto cultural alemán es la más grande en su tipo en Europa. Alberga más de un millón de libros, entre los que se encuentran autores rosarinos.

Aunque parezca paradójico, la más grande de las bibliotecas europeas especializada en Iberoamérica se encuentra en Alemania. Se trata de la Biblioteca del Instituto Iberoamericano de Berlín, que acaba de cumplir 75 años de vida y con envidiable salud, en estos tiempos en que tanto agorero viene predicando el fin del libro. El universo (que algunos llaman biblioteca), como diría Borges, consta de 1.200.000 tomos que abarcan ciencias geográficas, económicas y sociales, etnología y estudios de América precolombina, lingüística y literatura.

Cada año adquiere unos 16 mil títulos y posee además de libros, unos 29 mil diarios y revistas (4.500 bajo suscripción), colecciones de texto en microficha, mapas, fotografías y una envidiable fonoteca con tesoros de la música de los países iberoamericanos desde sus orígenes a la actualidad.

Entre tanto se ha especializado en material absolutamente imprescindible para la investigación. Filminas y programas de partidos políticos que ya no existen, territorios del incunable que sobrevuelan la computadora y el anaquel, encuentros de libros y diarios de las últimas décadas del siglo XIX, hacen de esta biblioteca un lugar de peregrinación de estudiantes, especialistas e investigadores. Y un paraíso para lectores.


Créditos locales
Una generosa selección de títulos de libros y revistas de lo que se publica día a día proveniente de la península Ibérica y los países de América se encuentra aquí, así como también una buena parte de aquella documentación antigua e inhallable. Para muestra puede señalarse que mirando el archivo bajo el nombre de "Rosario ciudad" aparecen más de mil ítems entre los cuales pueden hallarse libros del historiador Miguel Angel De Marco; un álbum de postales editadas por la Municipalidad de Rosario en 1953; las actas de un congreso de arquitectura, editadas por los talleres gráficos "La Tierra" en 1927, así como el anuario estadístico 1908-1958.

Además, la narradora Angélica Gorodischer está representada con 26 títulos, la investigadora y escritora Noemí Ulla con 28 y el escritor Osvaldo Aguirre, con 6.

Encontrar aquí, en pleno corazón teutón y en medio de un idioma extraño tal cantidad y calidad de libros mayoritariamente en español y portugués es una experiencia única.

Parece una paradoja, pero sin embargo no lo es, porque desde el siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX la inmigración alemana había encontrado El Dorado en el sur del continente y al mismo tiempo se reforzaban las relaciones económicas entre ambos mundos. Y ya dos siglos antes, los viajes y relatos de Alexander von Humboldt habían abierto la compuerta del imaginario en torno a este continente inexplorado.

La sorpresa es aún mayúscula cuando se sabe que el Instituto Iberoamericano -y su biblioteca- fue fundado en 1930, por Ernesto Quesada, el primer sociólogo argentino. Este intelectual, poco estudiado en Argentina, donó la biblioteca privada de su padre de 82 mil volúmenes al estado prusiano, con la única condición de que "sirva como célula para fundar un Instituto Latinoamericano" .

Su segunda esposa, que era alemana, parece que tuvo un papel importante en la decisión, dice la historiadora Dora Barrancos, quien escribe que Quesada fue un adelantado de su época , "la cuestión obrera así como los derechos de las mujeres le arrancaron varios textos" afirma Barrancos. A la donación de Quesada se sumaron unos 25 mil tomos traídos de la Biblioteca de México por Hermamm Hagen, un joven geógrafo de Marburg invitado por el presidente de aquel país, así como la biblioteca de un instituto iberoamericano fundado en Bonn, luego disuelto.

Claro que todo esto ocurrió por 1930 y poco después comenzarían los pasos marciales y las marchas alemanas, época poco propicia para un puente cultural. Así fue, que en aquel período de oscuridad el flamante Instituto cayó en la órbita de la propaganda nazi y sirvió para difundir la doctrina de aquellos tiempos. Logró sobrevivir, sin embargo, a ese oprobio y también a los duros años de reconstrucción y posguerra, ya por los sesenta comenzó a renacer el interés académico por aquello que existía del otro lado del océano y hablaba español o portugués.

Por entonces llegaron Rosario Castellanos, Eduardo Mallea y J. L. Borges, entre otros, como invitados a actividades literarias, pero recién cuando se produce el llamado boom de la literatura latinoamericana la biblioteca adquiere bríos propios.


Un ángel en el baldío
El Instituto estaba ubicado por entonces en los confines de Berlín, allí donde el ángel de Win Wenders en "Las alas del deseo" desciende a la Biblioteca Nacional, a pocos metros de la Potsdamer Platz, entonces el baldío más grande de Europa, sembrado de minas, amurallado. Cuando cae el muro en 1989, el edificio del Instituto quedó en pleno centro de la ciudad que renacía y en el marco de un complejo arquitectónico y cultural único, junto a la Nueva Galería Nacional y los edificios de la Filarmónica de Berlín, entre otros.

Claro que como las arcas de la Berlín reunificada se convirtieron en un bolsillo sin fondo, estuvo a un tris del cierre definitivo. En los 90 el Instituto vivió su crisis más fuerte desde su creación cuando la Oficina del Estado que distribuye los fondos públicos sugirió cerrar sus puertas. Una ola de protestas a nivel nacional e internacional unida al apoyo decisivo de intelectuales como Jean Franco, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Manuel Antín lo salvaron del cierre definitivo.

Precisamente fue Mario Vargas Llosa el invitado especial el pasado 12 de octubre, día del aniversario. El escritor peruano aprovechó para contar sus peregrinaciones como lector en diferentes bibliotecas, leyendo novelas de caballería, como aquellas que enloquecieron al Quijote, o investigando para escribir sus novelas.

Así llegó a Berlín donde pasó algunos meses en el Instituto Iberoamericano, buscando documentación para la escritura de "La fiesta del chivo". Fue aquí donde las colecciones de revistas de la época le transmitieron la vida en los tiempos del dictador Trujillo mejor que nada.

Además de la biblioteca, el Instituto Iberoamericano funciona como centro de investigación, de promoción y difusión cultural. Su flamante directora, Barbara Göbel, es antropóloga y etnóloga. Nacida en Essen, Alemania, cuando tenía 10 años su familia se trasladó a Argentina, donde terminó la escuela primaria y cursó la secundaria.
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El Instituto con la preciada biblioteca está en pleno centro de Berlín.

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