Cartas de lectores

Año CXXXVII Nº 48606
La Ciudad
Política
Información Gral
Opinión
El Mundo
La Región
Policiales
Cartas de lectores


suplementos
Ovación
Turismo
Mujer
Economía
Escenario
Señales


suplementos
ediciones anteriores
Salud 15/12
Autos 15/12
Turismo 12/12
Mujer 12/12
Economía 12/12
Señales 12/12

contacto
servicios
Institucional

 domingo, 19 de diciembre de 2004  
¿Qué les pasó a las maestras?

Leí el titular de La Capital y sentí mucha vergüenza. Pero esta vergüenza no era mía sino ajena, ya que el motivo era el examen de maestras que pretendían cargos directivos. Había sido un fracaso. Mi memoria recorrió años de docencia donde la enseñanza, el amor, la vocación y todo lo mejor relacionado con los niños eran el puntal y meta mía y de la mayoría de los docentes de "antes". No cobrábamos todos los meses los reemplazantes (17 años con ese cargo), no teníamos presentismo, ni contábamos con el material didáctico y medios como los de ahora pero pienso que los niños aprendían más. Los errores de ortografía eran señalados y de tarea debía traerse en repetidas oportunidades. Los maestros actuales dirán que era método antiguo, pero se corregían y eran notados por los alumnos. El respeto al maestro era sagrado, pero creo que se ganaba con el ejemplo, con el sacrificio, la preocupación y el amor en el aula y fuera de ella. Tengo alumnos del año 1965 /1985 (ya que tuve que retirarme por una operación muy grande y fui jubilada por incapacidad) que todavía guardan sus cuadernos de 1º, 2º, y 3er grados por las notas diarias de estímulos que yo hacía tiempo de ponerles en sus cuadernos. Visitaba a mis alumnos enfermos y si su enfermedad no era contagiosa llevaba grupos de compañeros a su casa u hospital. Cobijé a muchos en mi domicilio cuando perdieron algunos de ellos a sus padres o seres queridos, mitigándoles con mi amor el dolor que en ese momento pasaban. Estuve siempre presente, brindé mi amor sin medida, ayudé a quienes les costaba aprender fuera de las horas de clases y no cobraba; lo hacía por ellos y por mí para saciar mi necesidad de enseñar y amor. Me sentí "la segunda mamá de mis alumnos", me sentí querida y es el día de hoy que todavía recibo cartas, llamados y atenciones de quienes fueron mis alumnos. No fui la "seño" como se llaman ahora, fui "la maestra" y con gran orgullo. Por eso sentí vergüenza "seños", porque no tendrán en vuestro legajo el amor que yo recogí y sigo recogiendo en mi vida. Es por eso queridas "seños" que les aconsejo que si vuestra vocación no pasa por la docencia dejen el camino libre a las que lo sientan porque el daño que hacemos a los niños quedan grabado en sus cabezas de por vida. Agradezco a La Capital que me da la oportunidad de expresarme y aclarar que las escuelas que yo caminé no eran del centro sino de los barrios más carenciados.

Martha María Chimento
enviar nota por e-mail
contacto
buscador

  La Capital Copyright 2003 | Todos los derechos reservados