 | sábado, 07 de agosto de 2004 | El país espera cortar 56 años sin medallas doradas Juegos Olímpicos: El oro no está lejos de Argentina Las Leonas, Espínola y Lange, el fútbol y el básquet son algunos de los que tienen chances de quedar en lo más alto del podio Walter Vargas / Ovación Aún cuando persistan carencias y dificultades de planificación orgánicas, estructurales, los Juegos Olímpicos de Atenas bien podrían dispensarle al deporte argentina una medalla dorada postergada durante más de medio siglo, incluso alguna más, y por qué no superar la marca de cuatro en total alcanzada en Sydney 2000.
Es genuina, pues, la expectación que promueve la inminente gesta olímpica, que en cierto modo por una voluntad de siembra, pero antes que nada por obra y gracia del azar, entendido como la convergencia de un puñado de deportistas de elite en plenitud, sorprende al representativo nacional con un poderío sino excepcional como mínimo claramente superior a las ediciones anteriores.
En fútbol, por caso, se cuenta con el equipo favorito, y por un trecho apreciable, toda vez que los atributos propios, los de un seleccionado de mayores, copioso en estrellas, se corresponden con las flaquezas de los demás, que en su enorme mayoría se nutren de jugadores juveniles, o en todo caso de profesionales que en su país no necesariamente gozan de la cresta de la ola.
(De hecho, su primer rival, Serbia y Montenegro, dispondrá de un plantel de apenas 13 futbolistas: todo dicho).
Y aunque en hockey sobre césped no puede decirse lo mismo de Las Leonas, que se las verán con adversarias temibles y tampoco han lucido de forma convincente en los partidos preparatorios, nadie, ni el más despistado les quita entidad de candidatas al oro que se les negó en 2000 y que ahora, según parece, se ajusta más a las posibilidades que sugiere aquella madurez alcanzada en el Mundial de Perth 2002.
Otro que redoblará la apuesta, aferrado a la promesa de que la tercera será la vencida, es Carlos Mauricio Espínola, Camau, que fue plata en Atlanta y en Sydney en la Clase Mistral, pero que ahora en la Clase Tornado, junto a Santiago Lange, sospecha y anhela que trepará al peldaño más alto del podio.
(Ese mismo desenlace, he allí un dato interesante, palpitan los especialistas en yachting).
No menos venturoso se insinúa el porvenir de la dupla ciclística Walter Pérez-Juan Curuchet, cuya resonante victoria de mayo último en el Mundial de Melbourne, Australia, avala, sin mayores objeciones, que se perfile como los principales animadores de la especialidad americana.
Con muchos y más complejos obstáculos a la vista, más con similares niveles de destrezas, y de preparación, asoma José Martín Meolans, el Tiburón Meolans, postulante natural a pelear los primeros puestos en 50 y 100 metros libre, aunque, como él mismo se encarga de aclarar, "si llego a la final habrá diez o doce en condiciones de ganar y entonces depende de cómo te levantes ese día".
Si de nadadores hablamos, hay fundadas esperanzas en un nuevo salto de calidad de la también cordobesa Georgina Bardach, quien, a decir de los baqueanos, estaría en posición de cotejar por la medalla de bronce en 400 combinados.
Un poco más alto, o bastante más alto, enfocada a llevarse el oro en la categoría de 64 kilogramos está la judoca porteña Daniela Yael Krukower, que entre 2003 y 2004 hilvanó una espectacular serie de victorias en el Panamericano de Bahía, el Abierto de Gran Bretaña y el Mundial de Osaka.
En tenis, en cambio, el panorama se presenta más complicado, más allá de que hasta hace no tanto se especulaba con que los hombres, por ejemplo, estaban para grandes cosas: la casi segura ausencia de Guillermo Coria se suma a lo imprevisible de la respuesta física de David Nalbandian, también lesionado, o más o menos lesionado, y en medio de semejante incertidumbre todo puede suceder.
Otros que sueñan con una medalla, pero no sólo la sueñan sino que cuentan con el respeto de la cátedra, y que a priori tan lejos del podio no están, son la formación de básquetbol con Manu Ginóbili a la cabeza y Javier Andrés Correa en canotaje.
Una grilla de aspirantes así de nutrida homologa una espera optimista, capaz de abonar con algunas alegrías esas tres semanas en la que miles de argentinos harán cursos acelerados de "todólogos", y con inverosímil convicción opinarán de las disciplinas más diversas, y apostados ante la tevé se emocionarán hasta las lágrimas si cuadran argentinos en el podio, y el himno, y etcétera.
No está de más, entonces, recordar que el genuino interés por la suerte de esos vecinos calificados que son los compatriotas, y la profunda simpatía que traen consigo esa vecindad, y las afinidades geográficas, idiomáticas, culturales, no supone alentar que la competencia se extienda a esas comarcas donde el fervor nacional revela su cara más indecorosa. (Télam) enviar nota por e-mail | | Fotos | | La selección quiere mejorar lo hecho en la Copa América. | | |