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 domingo, 18 de julio de 2004

El negocio de las marcas apócrifas se perfecciona y afianza en Rosario

Laura Vilche-Carina Bazzoni / La Capital

Las dos camperas dicen Adidas, son onda retro, de color violeta y exhiben las clásicas tres tiras en las mangas, pero una cuesta 159 pesos y la otra se consigue por sólo 36 pesos. Los números cantan: la segunda es una prenda falsificada, una copia de la original que cada vez se hace con más calidad y cuidado. Y ya no es necesario viajar a Ciudad del Este (Paraguay) para conseguirla, sino que se ofrecen, con total desparpajo, en las vidrieras de pleno centro de Rosario. En los últimos cinco meses, la delegación local de la Policía Federal realizó unos 20 procedimientos relacionados con la distribución, venta y producción de mercadería apócrifa. En total, se secuestraron productos por casi 100 mil pesos. "Una cifra importante para un mercado como Rosario", considera una alta fuente de la fuerza.

La falsificación de marcas es un delito federal en la Argentina (implica infringir la ley 22.362) y el perjuicio económico que causa esta industria es grande. No sólo afecta al Estado, que deja de recibir impuestos, sino también a los titulares de las marcas y a los comerciantes que se mantienen en regla. En Rosario, los dueños de Nasa, Sólido, Fiorucci y Archie Reiton, hartos de ver clones de sus prendas, ya comenzaron a agruparse para sumar estrategias contra la piratería.

"No podemos competir con esta industria ilegal. Nosotros gastamos en publicidad e imagen, pagamos impuestos y nuestros empleados están en blanco. En cambio, en ellos todo es falso: la mercadería, la calidad y la contabilidad", se queja Daniel Marrochi, dueño de las prendas y jeans Sólido.

Es que, actualmente, las fábricas de indumentaria son las más castigadas por esta nueva forma de competencia, aunque por supuesto la falsificación de marcas no se restringe a los textiles, y ya casi no hay producto que no tenga su clon. En el mercado negro se pueden encontrar desde relojes, herramientas y autopartes, hasta cosméticos, CD y videos, cada uno con distintas formas de producción, escalas de comercialización y tipos de organización (ver página 4).

El negocio no es despreciable. Según datos de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), la venta de productos falsificados mueve 9.540 millones anuales en todo el país. La cifra significa "más del doble del presupuesto 2003 en el área de defensa y seguridad, que ascendió a 4.427 millones de pesos", asegura el informe de la CAC que se realizó sobre 500 comercios minoristas localizados en poblaciones de más de 10 mil habitantes.

En Rosario, las marcas apócrifas no sólo alimentan las mesas de los vendedores ambulantes o de algunas ferias tipo outlets. También dicen presente en locales de los centros comerciales de los barrios, en algunas galerías de las peatonales y por supuesto en calle San Luis, "el paraíso de lo trucho", en palabras de agentes de la federal.


Iguales pero diferentes
"¿Esta es verdadera?". La pregunta se escucha de boca de una señora interesada en comprar una remera Nike. Y si bien el vendedor le contesta "por supuesto que sí, fíjese en las etiquetas", la respuesta no es garantía de nada.

Es que la calidad de las copias no sólo se ha perfeccionado con la ropa, sino también con sus accesorios. "Los botones, etiquetas, bordados y también el packaging son cada vez más sofisticados. Los fabricantes ilegales ya compran las telas donde lo hacemos nosotros y hasta lavan en los mismos lavaderos", asegura Donald Loretto, de la firma Inside, de indumentaria informal.

Por ejemplo, una remera Nike trucha comprada en calle San Luis no sólo tiene la etiqueta con la marca en la parte interior del cuello, sino también la de cartón adosada a la prenda, y la bolsa con el logo y la dirección de la página web de la firma. Igual que las originales.

La fidelidad que presentan las imitaciones alimenta una segunda avivada. En las estanterías de muchos comercios habilitados se mezclan los productos originales con sus copias. Así lo comprobaron los efectivos de la Policía Federal en más de un allanamiento.

"Algunos comerciantes tienen 10 prendas legales y 50 truchas. Ponen las primeras en la vidriera y a los clientes les venden las otras. Les pasan gato por liebre", grafican en las oficinas de la Federal.

Frente al engaño más vale abrir bien los ojos. En las chombas y remeras Lacoste y Puma la diferencia no sólo se nota en la calidad de la tela, sino también

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El Puma trucho (derecha) es más gordito.

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