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 domingo, 21 de diciembre de 2003

Diciembre negro. 23 heridos tras la detonación de un poderoso artefacto
Los piqueteros acusan al gobierno por la explosión en Plaza de Mayo
Ocurrió durante la últimamanifestación por losdos años de la violenta caídadel gobierno de De la Rúa

La histórica Plaza de Mayo, epicentro de la pueblada que hace dos años acompañó la caída de Fernando de la Rúa, fue nuevamente ayer el punto de convergencia de miles de manifestantes que recordaron aquella jornada trágica. Aunque la calma se quebró por la explosión de una bomba (de estruendo o casera) que hirió a 23 personas. Y detonó el airado reclamo del ala dura piquetera, que responsabilizó al gobierno por lo ocurrido, más allá de que la Casa Rosada aclaró que "no hay ninguna razón" para esa acusación. En tanto, la investigación quedó en manos del juez federal Norberto Oyarbide.

Tras el estallido, la Policía Federal encontró un segundo artefacto intacto. Poco antes se había registrado un ataque incendiario contra el banco HSBC del barrio de Balvanera, donde hubo daños materiales.

La detonación se produjo pasadas las 19.30 en medio de un grupo de militantes de MST (Movimiento de Trabajadores por el Socialismo). El hecho, adjudicado en principio al estallido de una garrafa de un vendedor ambulante y luego a una bomba de estruendo colocada dentro de un cesto de basura de metal, no interrumpió el acto que realizaba en ese momento el Polo Obrero (PO), pese a la tensión que generó.

Los heridos fueron evacuados por ambulancias del Same, mientras que militantes encargados de la seguridad acordonaron el lugar para contener a los demás manifestantes, que a esa hora iniciaban una desconcentración pacífica.

El subsecretario de Seguridad del Gobierno porteño, Enrique Carelli, indicó que 23 personas (tres de ellas menores de edad) debieron ser trasladadas a distintos hospitales. Y aclaró que estaban fuera de peligro, pese a que dos sufrieron heridas de gravedad por quemaduras. Entre los lesionados se encontraba "una embarazada de cinco meses lastimada en el pecho, de nombre Débora Crueto", contó la legisladora porteña Vilma Ripoll.

Los policías retiraron un objeto del tacho desde donde partió el estallido, lo separaron en una bolsa negra y señalaron, sin dar mayores precisiones: "Es una cosa que no tenía que estar ahí". El jefe de la Federal, comisario general Eduardo Prados, negó que se haya tratado de un atentado.

El subsecretario de Seguridad Interior, José María Compagnoli, también participó del operativo que rescató pruebas. Durante la primera inspección, la policía encontró en otro cesto un bolso con bombas de estruendo sin detonar.

Paralelamente, Néstor Pitrola (PO), Raúl Castells (Mijd) y Alberto Ibarra (MTL) responsabilizaron políticamente al gobierno, reclamaron una reunión urgente y enfatizaron que el presidente Néstor Kirchner fue "quien comenzó este clima represivo". También programaron para mañana, a las 16, una marcha en demanda del esclarecimiento del hecho.

El ministro del Interior, Aníbal Fernández, retrucó con que "no hay ninguna razón" para apuntar al gobierno y, en cambio, opinó que fue un acto realizado por una persona que "no midió" el daño que podía causar.

La evocación del casi medio centenar de muertos y decenas de heridos, junto a un variado menú de reclamos, había transcurrido en estricto orden durante ocho horas de una jornada tórrida (bordeó los 35 grados a media tarde).

Al cabo de los tres actos de otras tantas convocatorias, voceros policiales estimaron que la concurrencia total rondó las 15 mil personas, mientras que los organizadores hablaron de unas 80 mil. Estimaciones periodísticas llevaron esa cifra a la mitad.

Piqueteros de diferentes corrientes, asambleístas barriales y partidos de izquierda, que portaron pancartas y banderas argentinas y rojas, marcharon organizadamente a lo largo de la Avenida de Mayo, desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo, custodiados sólo por ambulancias del Same.

Desde temprano, y a través del Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el gobierno mantuvo su promesa de "no reprimir". Los escasos policías (sólo portaban su arma reglamentaria) controlaron de lejos la manifestación, ya que la seguridad interna dependió de cada grupo, minimizando la posibilidad de roces. Sí hubo vallas alrededor de la Casa de Gobierno y los negocios de la zona protegieron sus fachadas.

El Congreso (donde se escrachó a los "senadores corruptos") fue el punto de partida de la convocatoria. Decenas de familias -predominantemente de barrios del conurbano- se refrescaron en la fuente de la plaza De los Dos Congresos y descansaron en reposeras que cargaban junto a botellas de agua mineral.

La creciente virulencia de los discursos en la plaza a medida que pasaba la tarde y una estricta separación entre los sucesivos actos reflejaron la fragmentación que impidió una recordación conjunta. Anteanoche, en el estadio de Atlanta, se habían congregado unos 15 mil piqueteros de la Federación de Tierra y Vivienda (FTV), que responden a Luis D'Elía y se reivindican como kirchneristas.

Mientras el MTD Aníbal Verón y Barrios de Pie centraron sus críticas en las negociaciones por el Alca, las empresas privatizadas, los bancos y los organismos multilaterales de crédito, el Polo Obrero no ahorró dardos para el gobierno, que "mientras le paga al FMI no sube los sueldos".

La primera marcha fue la de Barrios de Pie, Aníbal Verón, la Fuba y organismos defensores de los derechos humanos: de 15 a 15.30 ocuparon la Plaza de Mayo en torno a un palco erigido frente a la Pirámide. Luego llegó el turno de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), cuyo líder, Juan Carlos Alderete, se apostó frente al Cabildo y volvió a diferenciarse de su ex socio D'Elía.

El acto final fue el del Polo Obrero, el más numeroso y organizado, cuyos dirigentes volvieron a ocupar el escenario junto a la Pirámide y enfatizaron: "No tenemos ninguna confianza en el gobierno". También se movilizaron 60 asambleas barriales y los motoqueros, que recorrieron los lugares donde cayeron las víctimas de la represión del 2001.

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Una mujer embarazada debió ser trasladada de urgencia hacia un centro asistencial.

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