Año CXXXVI
 Nº 49.791
Rosario,
lunes  24 de
marzo de 2003
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Opinión: Ve una vaca y llora

Miguel Pisano / Ovación

Al fin. El técnico de Central, Miguel Russo, tomó la mejor y más sabia decisión después del resonante triunfo de su equipo en el clásico del domingo: concentrar a sus jugadores esta semana en la paz, la soledad y la lejanía de Tandil con el declarado objetivo de sustraerlos del inevitable clima de euforia de su gente y de las lógicas tentaciones de continuar con el vino del festejo a las que los hubiera atraído un medio exitista como pocos.
Justamente ese fue el principal yerro que cometió el Flaco Menotti -lejos, uno de los mejores técnicos y uno de los hombres que más sabe de fútbol en el país y en el mundo-, cuyo equipo sufrió el síndrome del clásico pero exactamente al revés: luego de ganar en el Coloso del Parque luego de largos 22 años estuvo nueve fechas sin victorias, que en definitiva le costaron la cabeza al entrenador, más allá de la oportunidad y forma del despido. "Es increíble lo que le pasó a Central porque cualquier equipo que gana el clásico se agranda y toma un envión anímico bárbaro", confiaba el recordado Puma Rodríguez, en una columna de opinión de Ovacion.
"El problema de Central es que no podés parar a la gente si ganás tres partidos seguidos", confiaba el propio Russo a este diario, en una de sus primeras charlas de café desde su vuelta al barrio. Y ni hablar ahora que el equipo acaba de ganar el clásico, el partido del año por donde se lo mire, pero que en la maldita tabla de los promedios no significa más que los tres puntos de rigor, motivo por el cual desde hoy mismo deberá volver a concentrarse en el primordial objetivo de salvarse del descenso. En realidad, los festejos del clásico terminaron con el domingo que ya es historia y conviene recordar que no se trató más que de una gran batalla ganada sobre el rival de siempre, es cierto, pero que la guerra del torneo sigue y que la titánica lucha del equipo por escapar de la zona del descenso y de la promoción recién comienza, por lo que a los jugadores no les queda más remedio que ponerse a correr, a jugar, a trabajar, a transpirar y a pensar que aún no ganaron nada y que todavía deben jugar otras 15 finales por el promedio, nada menos.
"Gato que se quemó con leche, ve una vaca y llora", reza el sabio refrán popular. Y algo de eso le pasó al Central del Flaco Menotti después de ganar el recordado clásico del año pasado. Por eso Russo no quiere que su equipo choque dos veces con la misma piedra y tomó la inteligente decisión de alejarlo del medio y concentrarlo esta semana en Tandil. Enhorabuena.


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