Año CXXXVI
 Nº 49.791
Rosario,
lunes  24 de
marzo de 2003
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El posclásico. El bien y el mal
Central se ilusiona arriba y sufre abajo

Alejandro Cachari / Ovación

El Gigante todavía desprende algunos olores. No termina de acomodarse tras la fiesta del sábado. Mientras, Central, el gran protagonista del fin de semana, hace un gran esfuerzo por desprenderse del clásico. Para no cometer el error de darse por hecho. Un mal conocido, ¿no?.
Los cambios, las modificaciones, la obsesión por asistir permanentemente al equipo sin tomar demasiado en cuenta lo que pasó, sino lo que vendrá, parece la estrategia de Miguel Angel Russo. Está de más especificar cómo le fue hasta aquí.
El DT canalla no habla de un "paso a paso" porque ya está registrado por Mostaza Merlo. Pero es lo que hace. Una prueba cabal es su actitud tras quedarse de manera contundente con el clásico.
Como si nada hubiera pasado, el entrenador volvió a hablar de un camino largo y muy duro.
En Arroyito todavía sobrevuelan miles de papelitos, mientras el plantel hace un esfuerzo por despojarse de las sensaciones y trata de ponerle la camiseta de Vélez al próximo objetivo.
Aunque nadie lo mencione, aquella enseñanza que dejó el clásico en el Coloso (9 fechas consecutivas sin ganar) está presente. Es cierto que existen diferencias sustanciales, pero está.
No es el mismo cuerpo técnico, difiere el estado físico y este Central muestra argumentos futbolísticos mucho más sólidos que aquel. Pero la delgada línea del límite entre el éxito y el promedio requiere de una atención permanente. Así de sencillo. Así de complejo. Una derrota lo metería a Central enseguida en problemas y desdibujaría lo hecho hasta aquí.
Parece extraño reconocer, a la vez, dos realidades claramente opuestas; pero ambas posibles. Futbolística y anímicamente los canallas están para ser protagonistas. Pero la tabla de los promedios acosa permanentemente y no deja margen para el más mínimo error.
Con algunos problemas, por momentos serios, en el sector izquierdo de la defensa, Central transita el torneo como si tal cosa. Lo compensa y lo mejora con un andar brillante de mitad de cancha hacia arriba. Tiene a los dos goleadores del campeonato.
Figueroa y Delgado aseguran casi un gol por partido. Un plus importante para la paridad que ofrece el fútbol argentino que tiene apretaditos arriba a un puñado de candidatos y juntitos en el fondo de los promedios a un grupo de necesitados.
Central está en los dos frentes. Más cerca del de arriba que del de abajo, pero en ambas peleas. Una cosa trae la otra. Es imprescindible una buena campaña para escaparle al descenso y la permanencia.
En medio de esa locura futbolística, asoma la imagen de Miguel Angel Russo. Ni más ni menos que el encargado de aportar el equilibrio.


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