Desmayos, gritos y llantos incontenibles dominaban ayer el panorama en el aeropuerto de Chachapoyas, al que llegaron familiares de varias de las 46 personas que iban en el avión que se accidentó. Símbolo del drama es la asistente social Carmen Ruiz, pues en el avión iban sus padres, sus dos hijas, una hermana y una sobrina. El transportista Héctor Badillo perdió a su esposa y sus dos hijas, una de ellas, una beba de 14 meses. Otra pasajera era Isabel Pérez, española de treinta años que llegó al Perú en diciembre pasado para conocer el país natal de su novio, Javier Jaimes, un naturalizado estadounidense que también iba en la aeronave. Asimismo, estaba el cubano Yuri Rangel Gómez, vicerrector de Investigación y Posgrado de la Universidad Sancti Spiritus en su país y quien viajaba a Chachapoyas para dictar un seminario. Sofía Porfirio, una destacada abogada al servicio de las Naciones Unidas, nacida en Portugal pero con nacionalidad belga de su esposo, iba también junto a éste, Cristopher Dubois, para conocer un poco más el país que le había sido asignado para desarrollar sus conocimientos en temas como lavado de dinero y tráfico ilícito de armas. Del turista holandés Johanes Zonda no hay mayor información.
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