Dicen que la historia se repite y que a veces suele ser un inconveniente, pero para otros, como en el caso del Jockey Club de Rosario, esa iteración sólo produce placer. Como en el 2000, el conjunto verdiblanco se consagró campeón del Torneo del Interior, esta vez venciendo a Universitario de Tucumán por 32 a 28.
Jockey saldó así una de las cuentas más difíciles de pagar, la de la deuda interna que contrajo cuando se quedó con las manos vacías en el Regional del Litoral. Hasta ese entonces el equipo no había logrado el equilibrio necesario para imponerse, perdió dos partidos increíbles y vio cómo el título se mudaba a Las Delicias. Entonces el Torneo del Interior se convirtió en el gran objetivo.
Para alcanzarlo el plantel se comprometió y evaluó que, a lo que habían hecho tenían que sumarle más trabajo. Así empezó el Torneo del Interior y ayer coronó su sueño.
El partido
Como era de esperarse, la final distó de ser un partido bien jugado. Las imprecisiones y los nervios lógicos de la ocasión apostaron fuerte lo que incidió en detrimento del espectáculo.
Pero cuando se juega una final, el jugar bien o mal es anecdótico y todo se resume al resultado.
Ayer Jockey logró doblegar a un muy buen equipo como lo es Universitario. Los de Ojo de Agua demostraron que no llegaron a esa instancia por casualidad y apelaron a todos sus argumentos para llevarse el try. De hecho estuvieron muy cerca.
De los dos períodos, Jockey sacó una muy buena ventaja en el primer tiempo merced a un eficiente trabajo de los forwards y sobre todo al desequilibrio que produjeron Alejo Fradua, Sebastián Preumayr e Ignacio Salamanca (como lo hicieron en todo el encuentro) cada vez que tomaron la pelota. En la vereda de enfrente Chiappini desalentó a Jockey en cuanta oportunidad de mostrar su eficacia a los palos.
La dureza con que se jugó y el desgaste físico fue tremendo. Y se notó en el complemento cuando los errores se convirtieron en moneda corriente. Universitario pasó a tener el dominio del terreno, de la pelota y empató el marcador.
El reloj seguía corriendo. Promediando el parcial, Jockey tuvo problemas para conseguir la pelota y las pocas que consiguió no fueron claras. Encima se quedó sin Alberto Di Bernardo (fractura de tibia), por lo que el panorama se le presentó bastante oscuro.
Cuando parecía que Universitario tenía todas las de ganar, en el peor momento de Jockey, los verdiblancos resurgieron de sus cenizas y sacaron adelante un partido increíble, una final digna de dos grandes.
Fradua primero y Sebastián Preumayr (la gran figura de la noche de Fisherton) después abrocharon el resultado aunque antes de poder festejar primero debió sufrir.
Tras el pitazo, abrazos y algunas lágrimas, una alegría contagiosa y desbordante y la merecida vuelta olímpica. No era para menos: Jockey se coronó por segunda vez en su historia como el Campeón del Interior.