Año CXXXIV
 Nº 49.132
Rosario,
miércoles  30 de
mayo de 2001
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Hazaña canalla en Colombia
Central marcó 2 goles en el final y ganó en los penales

Mario Candioti

Pocas veces en el fútbol pueden verse definiciones como las de anoche en el Pascual Guerrero. América jugó 89 minutos y Central sólo 1. América ganaba 3 a 0 y en sesenta segundos Central le dio vuelta una historia increíble. Central es semifinalista, quizá porque tuvo vergüenza hasta en el segundo final, porque dejó la vida pese a no tener fútbol, y se llevó un triunfo que tal vez cueste años explicar.
A Central lo partieron anímica y futbolísticamente al medio casi en el arranque mismo del partido. A este América pretencioso le bastaron los diez primeros minutos para demostrarle a un rival timorato que las cosas debían ser de otra manera. Y la clave estuvo en apenas siete minutos, cuando los diablos rojos empezaron a explotar el sector izquierdo del ataque para que Máziri mandara un centro que desde su génesis tenía destino de gol en la cabeza de Vázquez.
Fue un cachetazo muy duro para Central, que al principio había paseado su displicencia para dejar pasar los minutos y que de ahora en más mostraría un miedo escénico muy marcado.
Con serios problemas en los pelotazos frontales, sin demasiada contención en la mitad de la cancha -sobre todo por el lado de Iván Moreno, encargado de tomar a un movedizo Ferreira-, con Ezequiel sin poder apoderarse de la pelota, Central empezaba a preocuparse. Mucho más cuando Herrera marcó el segundo ante un desamparado Tombolini.
América era una vorágine. Mafla desde el medio. Ferreira por izquierda, Vázquez y Herrera desparramando a una defensa insegura. Presión, demasiada presión para el pobre Central. La contracara de un equipo al que le costaba una enormidad conseguir la pelota. Cuando lo hacía recurría a la fórmula de los centros cruzados para la cabeza de Pizzi o Cuberas, que le dio un susto al Pato Barbat metiéndole un frentazo en el palo izquierdo. América fue levantando progresivamente el pie del acelerador. Y Central se animó. Ezequiel tuvo un poco más la pelota, hubo intentos de sumar gente en ataque, se generaron un par de situaciones pero no se pudo explotar la liviandad del fondo americano. El primer tiempo se murió con una imagen clara: América había revertido la situación psicológica muy pronto y ahora toda la presión se la echaba encima a Central.
América jugó en la cornisa del fútbol exactamente hasta los 23 minutos del complemento. Casi como una artimaña le cedió la pelota y el terreno a Central, permitió que los canallas ganaran en tiempo y forma situaciones de las que no había dispuesto en el primer tiempo. Se animó a mandar más gente al ataque, pero seguía faltando coordinación y la fórmula para buscar a Pizzi o al Rafa casi nunca daba resultado. Central atacaba en cantidad pero no en calidad. Y América lo dejaba venir. Pero llegó el fatídico minuto 23 cuando Jersson la clavó en el palo derecho de Tombolini y la condena a muerte pareció sellada.
Allí el América empezó a manejar otra vez su fútbol de velocidad, triangulación, desborde y toque. Pero nunca se imaginaba el final que le esperaba.
Central siguió deambulando en la cancha y parecía definitivamente condenado a algo más que un 3 a 0. Incluso Tombolini, el héroe de la noche, tapó un doble remate que podría haber sido el cuarto y allí comenzó a gestarse la hazaña.
Porque una grosería de Barbat a los 89 y una guapeza de Juan, en dos minutos del alargue, le permitieron a Central alcanzar un 3 a 2 impensado desde todo punto de vista.
La locura de los penales consagró definitivamente a Tombolini y condenó definitivamente al América. Central es semifinalista, hizo historia y va por más. ¿Los milagros existen? Pregunténles a los canallas.



Los canallas hicieron un milagro en Cali y se clasificaron para semifinales.
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