En la primera jugada del partido pareció que no sería una buena noche. Esa duda ante el centro cruzado de Máziri, cuando apenas iban cuatro minutos, que terminó en el primer gol caleño, le frunció el ceño a más de un canalla pegado al televisor. Después vendría el desastre: dos goles más de América y casi baile por momentos. Hasta que apareció el eterno olfato goleador del interminable Juan Antonio Pizzi para marcar, en la agonía del partido, los dos goles que conducían directo a los penales. Y ahí entró en escena Laureano Tombolini, el que con todo derecho se ganó a partir de anoche el mote de Gran Tombo. Porque no fueron sólo los penales. Unos instantes antes del segundo gol de Juan, el arquero canalla se las vio con cuatro diablos rojos, en la que parecía una jugada de campito. Cuatro caleños contra la obstinación de Tombolini, que no se dio por vencido y la sacó dos veces en forma consecutiva. Y empezó el sueño canalla: el capitán Máziri se paró desde los doce pasos como para dar tranquilidad, y ahí estaba Tombolini, que se arrojó sobre la izquierda y contuvo el disparo. El Cata Díaz le pegó con alma y vida, y el canalla se puso arriba. Llegó el turno del arquero Barbat buscando revancha, y el Gran Tombo se la sacó esta vez hacia la derecha. Luego errarían Lequi y Cuberas, marcaría Vespa, y los colombianos Ferreira y Vázquez pondrían las cosas como al principio. Cardona remató al palo opuesto y convirtió igual que Pizzi. Y así las cosas se llegó a la fatídica serie de uno. Navarro le pegó afuera y a De Bruno se lo atajaron. Herrera se paró muy recto y Tombolini adivinó por tercera vez. Otro sueño al alcance de la mano, mejor dicho de los pies de Iván Moreno, pero ese disparo quedó en las manos de Barbat. Otra vez a remar, y otra vez Tombolini que contuvo el remate de Zapata. Y ahí sí, Diego Erroz no perdonó, y todos a abrazarse con el gran héroe de la jornada: Laureano Tombolini, el pibe de Santa Isabel que grabó su nombre al lado de la palabra hazaña.
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