El tablero electrónico del Pascual Guerrero todavía está esperando que lo reparen. De procedencia húngara, el Autotrol ubicado sobre la bandeja superior norte del legendario estadio fue traído para la edición de los Juegos Panamericanos de 1971 en Cali, y en 1989 dejó de funcionar. Como los repuestos necesarios para su reparación prácticamente no existen, el gigantesco informador duerme una siesta casi eterna en una posición privilegiada de un estadio con mucha historia. Don Pascual Guerrero fue un político, escritor y poeta que en la década del 30 consiguió los terrenos para que se iniciara la construcción de un estadio que necesariamente tenía que ser orgullo para la capital vallecaucana. Comenzadas las obras en 1936, apenas un año y medio después se inauguró el coliseo en ocasión de la disputa de un cuadrangular amistoso entre los seleccionados nacionales de Argentina, Cuba, México y Colombia. En 1945 el departamento del Valle del Cauca cedió el estadio a la por entonces flamante Universidad del Valle, quien de inmediato dispuso que se usara para las pruebas de fútbol y atletismo de los Juegos Nacionales de 1954. En 1967 el Guerrero tuvo su primera gran refacción. Con motivo de los Juegos Panamericanos del 71 comenzaron las obras para ampliar la capacidad del estadio a 45.000 localidades y se construyó una pista de atletismo con ocho carriles, además de instalarse el sistema de iluminación y el tablero electrónico. América decidió realizar una nueva ampliación del estadio ubicado en el barrio de San Fernando, al pie del cerro Tres Cruces, y en 1998 se realizaron obras en la tribuna norte. En tanto, en el 2000 la antigua gramilla fue reemplazada por una de origen canadiense, que pareciera no estar en muy buenas condiciones en la actualidad, lo que motivó que el equipo americano jugara como local en el estadio Nemesio Camacho, El Campín, de Bogotá. Allí, en la edición 2000 de la Copa Libertadores, América venció 5 a 3 a Central en un recordado partido. Anoche, como hacía mucho tiempo no sucedía según contaron un par de viejos amigos vallenatos, el Pascual Guerrero cobró vida nuevamente.
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