Año CXXXIV
 Nº 49.125
Rosario,
miércoles  23 de
mayo de 2001
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El electrocardiograma canalla

Mauricio Tallone

Es tan mágica la pasión de una camiseta, que se atreve a desafiar a los corazones. Una costumbre quizás repetida, pero siempre alucinante. Que pone al límite. Que hace volar de la angustia al placer, sin escalas y muchas veces sin piedad. Pero con ese sabor único nacido desde lo imprevisible de la pasión. Así de irregular fue el dibujo del electrocardiograma de los más de 30.000 canallas que colmaron el Gigante para poner de rodillas con su aliento a los colombianos.
Hacía mucho tiempo que el pueblo canalla no provocaba una distorsión festiva como la vivida anoche. Sería hasta complicado agilizar tanto la memoria para recordar tal eclosión de gritos, bocinazos, bengalas y botellas de esperanzas descorchadas cerca del Paraná cuando el zapatazo letal de Pizzi viajó con destino de definición. A partir de ese momento podría decirse que se abrieron las compuertas del idilio entre el público y el goleador.
"Qué golazo que hizo ese muchacho, por favor. Los goleadores de raza son así, viejo. No hay vuelta que darle, cuando más se lo necesita, ellos aparecen", nunca tan cierta la deducción del hincha. Sobre todo por lo visto anoche, Central puede dar fe de que Juan Pizzi cumple a la perfección con esa consigna.
El volumen del aliento se modificó de acuerdo con el desarrollo. Si la tenía Ezequiel, explosión y goce. Si la dominaba Jersson González, un murmullo de incertidumbre.
Pero como si estuviera jugando a ser fanático, el pueblo canalla no paró de alentar ni cuando el partido insinuó entrar en un cono de sombras -sobre todo en el segundo tiempo-, por obra y gracia del toqueteo colombiano.
"Yo sabía que iba a pasar esto. Nosotros nacimos para sufrir, si le regalamos la pelota a estos negritos nos pintan la cara. Son habilidosos, y no sólo toquetean sino que juegan", razonaba otro maniático del tablón, disgustado por la postura que había adoptado el equipo en el complemento.
Pero el toque de los caleños no alcanzó para dormir tanta euforia. La ecuación pasional que propuso el simpatizante auriazul salió redondita: el equipo ganó con el clamor popular como el principal sostén.


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