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 domingo, 28 de octubre de 2007  
Los pescadores que vieron la caída de la pequeña

Dos voces serán esenciales en el trámite judicial de este caso: las de los dos pescadores que, según fuentes policiales, vieron correr a la nena contra la barranca. Los testigos dijeron haber visto como el agresor avanzó a largas zancadas tras ella hasta retenerla. Y cómo luego la alzó y la arrojó del otro lado de la barranca.

“Estos dos hombres tuvieron una actitud de solidaridad heroica”, resumió ayer Mariel Arévalo, responsable del Centro de Atención a la Víctima de Delitos Sexuales de Rosario. Uno de ellos se asomó al abismo y al ver a la pequeña aferrada a unas ramas balanceándose no vaciló en descolgarse hacia un talud de veinte metros, acercarse a ella y rescatarla.

La pequeña dio una muestra de entereza que conmovió a los policías que la escucharon. Había sufrido una brutal agresión física tras lo cual intentaron quitarle la vida. Y a horas de semejante trauma físico y psicológico fue capaz de ofrecer un relato hilvanado, coherente y lleno de detalles. Fundamental, aduce la policía, para incriminar al acusado.

Los testigos narraron que un hombre joven accedió a la pequeña en un local del barrio donde hay videojuegos y mesas de metegol. El hombre le compró un jugo de frutas. Los testigos notaron que ambos, que se fueron en bicicleta, daban el aspecto de tener trato familiar. Y que la pequeña le decía “tío”.

El lugar donde se consumó el ataque sexual es en una edificación de material en la zona de Francia y la calzada sobre el río. Desde allí, en plena tarde, varias personas vieron correr a la pequeña hacia la baranda. Uno de los pescadores advirtió cómo tras arrojarla al vacío el individuo se iba en una bicicleta roja.

Varios elementos complican al albañil detenido. La ropa que le fue incautada coincide con la descripción que los testigos y la propia nena aportaron de la que usaba el agresor. Además fue visto por personas en el local de donde se llevó a la pequeña. Y la bicicleta que le secuestraron es también coincidente con la que los pescadores lo vieron irse.

“Pese a que atravesó una situación terrible a nivel orgánico y psíquico, la nena fue capaz de hacer un relato con toda lucidez, coherente y sin fisuras, que fue determinante para la captura de la persona imputada”, subrayó Arévalo.
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