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 sábado, 15 de septiembre de 2007  
Inflación: diagnóstico y terapia

Por Sergio R. Di Pietro (*)
En los países latinoamericanos, como el nuestro, la inflación no es la suma mecánica de fuerzas contingentes sino un fenómeno que proviene esencialmente de las deformaciones del sistema económico. Podemos distinguir dos elementos evolutivos: las presiones básicas que generan la inflación y los mecanismos que la propagan.

Las presiones básicas generadoras surgen de la formación socioeconómica y de las crisis coyunturales que desde fuera y dentro afectan al sistema con cierta frecuencia. Están relacionadas estrechamente con la incapacidad de la oferta global o total para adaptarse a los requerimientos de una demanda global creciente y/o cambios en las pautas de utilización de bienes de consumo e insumos, y, por tanto, son causas reales del incremento de precios, que residen en la propia estructura económica. Para nuestro país, podemos enfatizar las siguientes causas generadoras:

• El deterioro de la relación de los precios de intercambio es una de las constantes de la dependencia de nuestro comercio externo. Los mayores precios relativos de los bienes e insumos importados implica la obligación de exportar cada vez más productos primarios por cada unidad de producto manufacturado importado generando el incremento de precios.

• El escaso y lento ritmo de renovación de los bienes de capital y de actualización tecnológica, que eleva los costos y precios internos de las empresas. En el mejor de los casos Argentina utiliza en sus industrias y explotaciones agropecuarias más modernas técnicas que deben actualizarse.

• El progresivo y continuo descenso de la producción pecuaria de las dos últimas décadas (por la matanza de vientres), que reduce la oferta interna y las exportaciones para nivelar las balanzas comercial y de pago.

• La existencia de un sobredimensionado aparato estatal improductivo, inevitable si se pretende el mantenimiento de niveles de empleo tolerables, genera una presión de demanda que no tiene contrapartida alguna en términos de producción de bienes y servicios.

• La elevación de costos y precios, resultante de la progresiva insuficiencia e ineficiencia de las economías externas de las empresas. Dado el carácter del gasto público, crecientemente absorbido por los salarios y con inversión en infraestructura permanentemente postergada, la dotación de servicios desmejora en cantidad y calidad. Ello implica deseconomías externas a las empresas que, a sus propias dificultades, suman el creciente deterioro de los servicios de comunicación, las insuficiencias de la red de caminos, las fallas en los transportes y los desniveles en la provisión de flujos energéticos.

• La inestabilidad del sistema tributario argentino. Existen acciones positivas, negativas e improvisaciones en la política impositiva. Ello esteriliza los planes y programaciones empresarias.

• El “efecto demostración” que se da en las pautas de consumo de la población. Es permanente la ansiedad que experimenta nuestro habitante por nuevos artículos de confort, copiando las conductas de gastos de comunidades desarrolladas.

• Las elevaciones de precios internos a consecuencia de acciones monopólicas o aumentos coyunturales en el precio de la carne, que generalmente son decididos después de largos períodos de congelación, con producción ganadera en contracción.

• Las desfavorables condiciones internacionales, como el cierre de mercados para nuestros productos tradicionales, creando intensificando el déficit del balance de pagos, que implica presiones inflacionarias.

• La “fuga” del ahorro real interno hacia mercados internacionales más lucrativos, que obliga a recurrir a recursos externos, de alto costo económico al mediano plazo, para financiar la inversión reproductiva y las obras de infraestructura.

Por su parte, los mecanismos propagadores constituyen la expresión de las diversas formas como actúan lo sectores para orientar su participación en función del ingreso o del gasto. Entre los sectores de ingresos cuyo comportamiento origina propagaciones, son considerados como más importantes: el sector público, que utiliza los recursos fiscales y la emisión monetaria como medios de realización presupuestaria y financiera; el sector empresario, que emplea las presiones económicas sobre el mercado como medio de obtención de beneficios; y el sector asalariado, que emplea la organización sindical y los conflictos laborales como recurso de reivindicaciones y de preservación de su nivel de subsistencia. Conjuntamente con las causales generadoras, en diversas circunstancias vividas en el país, han concurrido a acelerar el proceso causales propagadoras, que pueden enumerarse:

• La frecuente pugna intersectorial. Al incontrolable gasto público se ha sumado la continua presión empresaria por mayores beneficios y los conflictos laborales por mayores niveles salariales.

• Las sucesivas devaluaciones del signo monetario, en función de presiones de sectores que mejoran sus ingresos relativos y absolutos, con la argumentación de la cobertura del déficit del balance comercial y el balance de pagos. Hechos que producen resultados favorables al corto plazo, pero que reavivan la inflación en el período mediato.

• Las emisiones incontroladas o restrictivas de moneda, que aceleran el ritmo de crecimiento de la tasa de inflación, o propenden a los recesos del producto bruto interno y la ocupación.

Las causales someramente enumeradas, en un país en vía de desarrollo como el nuestro, son las causas primarias generadoras del proceso inflacionario, siendo los aspectos monetarios y fiscales simples mecanismos propagadores. Por ello, las políticas coyunturales de tipo monetario y fiscal, que tienen ciertos éxitos en los países desarrollados, conducen a estrepitosos fracasos cuando se aplican a economías como la nuestra.

Concordamos en realizar un esfuerzo supremo para frenar la inflación y conseguir la estabilidad sobre bases firmes, pero inspira honda preocupación conseguirlo a expensas del descenso del ingreso global, de su estancamiento o del debilitamiento de su ritmo de desarrollo. Esto exige continuas transformaciones en la forma de producir, en estructura económica y social, y en los módulos distributivos del ingreso. No realizar a tiempo esas transformaciones o hacerlo de un modo parcial e incompleto conduce a esos desajustes o tensiones que promueven la irrupción de fuerzas inflacionarias siempre latentes en el seno de la economía. La terapéutica es revertir las deficiencias que se han enfatizado, y no atacar las consecuencias, en especial compatibilizar las medidas ortodoxas con la heterodoxas a fin de conseguir estabilidad con desarrollo.

(*) Profesor de Macroeconomía en la Facultad de Ciencias

Económicas (UNR)•
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