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 domingo, 11 de marzo de 2007  
Panorama Político
Bush y la verdad sobre los biocombustibles

Julio Villalonga

La visita del presidente de los Estados Unidos George W. Bush a América Latina trajo aparejada una nueva temática, que de manera abrupta ganó la tapa de los diarios con ribetes exagerados. Según la información publicada, Bush "bajó" a Brasil para cerrar una alianza destinada a aumentar la producción de etanol, biocombustible que en el país vecino, y desde hace 35 años, se saca de la caña de azúcar.

¿Cuál es el contexto de esta "movida"? Bien, en primer lugar hay que señalar que tanto en Europa como en los Estados Unidos (y en otros lugares del mundo también, incluso en nuestro país) vienen aprobándose leyes o sugiriéndose "metas" que establecen que los combustibles derivados de fuentes no renovables deberán ser mezclados con biocombustibles en proporciones, al principio, de entre el 5 y el 8 por ciento. El objetivo, claro, es ir reduciendo la dependencia del petróleo y sus derivados, según los expertos. Y de ir moderando el calentamiento global, según los ambientalistas.

Ahora bien, la alianza entre EEUU y Brasil en este tópico tiene su miga, y los pormenores, aunque con sordina, se han ido filtrando en los medios últimamente. Vayamos por partes. Estados Unidos produce 260 millones de toneladas de maíz. Su matriz de consumo es 70 por ciento nafta/30 por ciento gasoil. Por otra parte, se autoabastece y exporta muy poco. Para llegar a la meta de mezclar un 6 por ciento de biocombustible con las naftas que refinan, precisa producir otras 60 millones de toneladas de maíz y su frontera agropecuaria está muy cerca, por lo cual se ve obligado a conseguir ese etanol en otros sitios. Brasil es, detrás de EEUU, el segundo productor mundial de ese insumo. Bush llegó esta semana a Brasil con una oferta bajo el brazo: la de bajar el arancel que paga el etanol brasileño para entrar a su país. Como nada es gratis, la especulación surge naturalmente: ¿A cambio de qué Washington haría tal cosa? A cambio de un giro en la posición de Brasil en relación a la Venezuela de Hugo Chávez, se ha afirmado por ahí.

En rigor, de lo que se trata es de un negocio incipiente pero enorme a corto y mediano plazo. Esto más allá de que sirva como una módica "zanahoria" política en la conflictiva y compleja relación bilateral Washington-Brasilia. ¿En qué consiste el negocio? Brasil está en mejores condiciones que nadie para producir lo que EEUU necesita y sólo debería aumentar un 30 por ciento su superficie sembrada para conseguirlo, a un precio significativamente inferior al que podrían hacerlo los "farmers" estadounidenses, que además tendrían que destinar un 200 por ciento más de tierras para conseguir el mismo resultado.

Las principales empresas interesadas en meterse en el nuevo negocio son subsidiarias de petroleras, que están investigando nuevos combustibles para ampliar su "gama" lo más posible antes de que el petróleo sea un bien escaso. Esto garantiza que habrá abundantes fondos para la producción de biocombustibles, sean estos para mezclar con naftas o con gasoil.

Europa se encuentra en una encrucijada más difícil. Allá la UE ha aprobado leyes que obligan a cumplir con la meta de mezclar hasta un 7 por ciento de biocombustibles con nafta y gasoil. La matriz de consumo europeo es casi exactamente la inversa que la norteamericana: 70 por ciento diesel/30 por ciento nafta, por lo cual requieren de biocombustibles derivados de la soja o la colza, por ejemplo. En este caso, la Argentina sería el país que con mayor rapidez y más eficiencia podría atender las necesidades de provisión que explotarán entre 2009 y 2010.

Para que la "revolución" de los biocombustibles se concrete hace falta una importante masa de dinero destinada a la instalación de plantas pero, además, una gran tarea de organización de la producción y la logística. Nuestro país produjo entre 85 y 88 millones de toneladas de granos en la útima cosecha, de los cuales más de 16 millones fueron de maíz. Esto se debe en buena medida a la suba de los precios provocada por una mayor demanda. Según estudios de la Bolsa de Chicago, los precios actuales de este grano están más cerca del piso que del techo del promedio de los próximos diez años, proyección que en buena medida se basa en la realidad apuntada antes: harán falta más granos para producir biocombustibles.

Frente a tanta euforia sería bueno aclarar que también es cierto que la biotecnología avanza todos los días de un modo que no es una locura pensar que podrían duplicarse los actuales promedios de producción por hectárea antes de que llegue la mitad de este siglo. Y que los investigadores ven en un horizonte muy cercano la solución a los problemas de almacenaje y transporte del hidrógeno, quizás el verdadero combustible del futuro por su limpieza ambiental, eficiencia y bajo costo ya que deriva del agua.

En fin, estamos ante una interesante oportunidad para los grandes grupos (las aceiteras tomaron la iniciativa) pero, también, para los pequeños y medianos productores de granos, que pueden utilizar la extensa y provechosa experiencia de las asociaciones cooperativas para avanzar en proyectos de su tamaño o, incluso, más ambiciosos con el fin de producir saldos exportables ya que por varios años la producción estará muy por debajo de la demanda.
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