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 domingo, 14 de mayo de 2006  
Tema de la semana
Kirchner busca compañero de fórmula y sale del aislamiento

El viaje a Viena del presidente Néstor Kirchner, entre muchos aspectos que merecen análisis, tiene dos que vale la pena desgranar por las implicancias de ambos a futuro.

En primer lugar hay que valorar especialmente el acercamiento del primer mandatario a su par español José Luis Rodríguez Zapatero, con quien se reunió y acordó una visita a España para junio.

El tema, que parecería de rutina, no lo es si se tiene en cuenta el enorme aislamiento que ha producido Kirchner internacionalmente con sus actitudes. No vale la pena recordar las anécdotas, pero ha tenido récord de roces, dañando alternativamente las relaciones con Holanda, Italia, Francia, España, Estados Unidos, Sudáfrica, Finlandia, entre varios otros países, por distintas actitudes, muchas de ellas gratuitas y difíciles de entender.

Ya su presencia en Viena ha sido provechosa y no tan ríspida, con la sola excepción de su distancia hacia Tabaré Vázquez por razones más que comprensibles, lo cual es un paso adelante en una personalidad tan proclive a la fricción.

El viaje a España para junio es una buena noticia, atendiendo a que ese país es uno de los principales orígenes de inversores en el nuestro y hay muchos aspectos que hacen importante que las relaciones sean lo más aceitadas que se pueda.

Hay que recordar que la visita a Rodríguez Zapatero se venía posponiendo y es muy bueno que ahora el camino hacia Madrid esté expedito, sobre todo teniendo en cuenta que la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos dispuesta por Evo Morales ha producido un cimbronazo en el mundo iberoamericano, protagonizado también por nuestro presidente, que debió mediar entre Brasil y Venezuela, debido al papel jugado por Chávez en la decisión de Morales, que tuvo a maltraer a Lula.

La Argentina tiene estrechas relaciones económicas, culturales y hasta de sangre con España, por lo que el paso dado es estratégico en tiempos en que todos los gobiernos van y vienen por la geografía mundial arreglando sus relaciones bilaterales frente a las otras naciones.

Es de esperar que lo sucedido sea una bisagra en el modo de Néstor Kirchner para comunicarse con el resto del globo, pues la modernidad requiere de mantener relaciones constructivas entre las naciones para generar las riquezas necesarias a fin de que las poblaciones tengan un mejor pasar. Ese debe ser el objetivo, algo que muchas veces el gobierno argentino no ha tenido en cuenta, generando choques con países amigos.

El segundo aspecto que debe ser evaluado es de política nacional, porque los ecos van a seguir en los próximos meses. El presidente invitó al gobernador radical de Mendoza, Julio Cobos, y al intendente de San Isidro, el también radical Gustavo Posse, a la cumbre vienesa. Estas presencias, sobre todo la de Cobos, generaron un fuerte impacto mediático porque se interpretaron las invitaciones como el inicio de conversaciones para la integración de la fórmula presidencial de 2007.

Desde el gobierno se ha presentado esta apuesta para ampliar la "transversalidad" como una emulación de la Concertación chilena, que ya hace varios años gobierna el país trasandino.

La gran diferencia es que el esquema concertacionista de Chile tuvo enfrente una fuerte oposición en los sectores de derecha vinculados en un primer momento al pinochetismo, que luego derivaron en una coalisión derechista que se sacó de encima la imagen del dictador tras la aparición de las cuentas secretas en Suiza de Pinochet.

El esquema propuesto por el kirchnerismo tiene más que ver, quizás, con el PRI mexicano que gobernó el país azteca por 70 años, donde había un partido de gobierno hegemónico y algunas fuerzas que no lograban nunca hacer sombra al grupo gobernante.

La concertación chilena supuso un esquema de partidos fuertes que se unieron en dos bloques para superar el viejo problema de tener a la sociedad dividida en tres, con lo cual no era factible llegar al gobierno con una mayoría razonable. El experimento dio resultados en la medida en que se armaron dos grupos, que se disputan el poder cada cuatro años.

La Argentina diluyó su sistema de partidos políticos después de 2001, con lo cual cualquier modelo que ensaye no se parecerá al chileno.

Dicho esto hace falta que impere la racionalidad y que el nuevo sistema político, además de prever mecanismos para llegar al poder, tenga en cuenta qué hacer con él una vez que se lo consigue.
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