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 domingo, 17 de octubre de 2004

Panorama político
Acariciando lo áspero

Mauricio Maronna / La Capital

A la hora de nombrar funcionarios u ocupar sitios clave de la administración, el presidente Néstor Kirchner ha mirado más hacia Santa Fe en estos casi 17 meses de gestión que todos sus predecesores desde el 83 hasta la fecha.

La inclinación presidencial hacia la provincia no responde a la casualidad ni a la capacidad de lobby local, sino a la necesidad que tiene el jefe del Estado de ampliar su base de sustentación en un distrito neurálgico para su futuro electoral.

La postulación del rafaelino Ricardo Lorenzetti para que se siente en el sillón dejado vacante por el impresentable Adolfo Vázquez taponó la llegada a la Corte de Horacio Rosatti, el funcionario-amigo del matrimonio presidencial.

Hasta la salida de Gustavo Beliz del Ministerio de Justicia, el ex intendente de la capital provincial era el elegido por Cristina Fernández de Kirchner para desembarcar en el máximo tribunal. Antes de la renuncia de zapatitos blancos, Rosatti ocupaba la Procuraduría General del Tesoro, una repartición estratégica para el funcionamiento de la administración en lo referido a pleitos internacionales y posicionamiento del Estado nacional respecto al frente externo pero de bajísimo perfil político en cuestiones de micropolítica doméstica.

La asunción en Justicia, sumado al fuerte contrapunto entre los diputados del Grupo Talcahuano y el presidente por un eventual juicio político a Antonio Boggiano, clausuró la instancia de Rosatti como juez del supremo tribunal.

"Iban a decir que cambiábamos la mayoría automática del menemismo por una pingüinera judicial", traduce un operador de las batallas permanentes que libra el oficialismo.

En la mesa familiar de Olivos, antes del desenlace, existían diferencias de opinión respecto del futuro de Rosatti y, por elevación, a la estrategia política hacia Santa Fe, una provincia que desvela al jefe del Estado. "A Horacio hay que preservarlo para una futura contienda electoral. El presidente tiene encuestas preocupantes sobre lo que está ocurriendo allí y sabe que el peronismo sufre riesgos altísimos de ser derrotado en el 2005", revela la fuente.

Kirchner y Carlos Reutemann son los dos justicialistas que aparecen mejor posicionados a lo largo y ancho del distrito, pero hay una laguna inmensa (casi un océano) respecto al kirchnerismo paladar negro, que apenas acumula seminarios y "encuentros de la militancia".

Santa Fe, Capital Federal, Buenos Aires y Córdoba figuran en lo más alto del orden de prioridades presidenciales. Por la cantidad de diputados que aportan al Congreso nacional, el santacruceño sigue con fruición cada episodio o movimiento que se genera en estos distritos.

Aunque la promocionada "madre de todas las batallas" con Eduardo Duhalde en la caótica Buenos Aires haya perdido algún lugar en la marquesina, el telón no cayó definitivamente.


Movimiento de piezas
Kirchner y el caudillo bonaerense apretaron pausa hasta marzo en la puja, aunque las task force de ambos bandos mantienen en alto sus estrategias para llevar a la práctica el arte de la guerra. "Ahora es tiempo de mover los peones; para decidir qué hacer con la dama todavía faltan varios movimientos", ejemplifica, con terminología ajedrecística, un funcionario con despacho en Balcarce 50.

La sobreactuación de Duhalde respecto al presidente (lo colmó de elogios en el acto por el Día de la Lealtad) queda en evidencia apenas se confronta un ejercicio foucaultiano que consiste en el seguimiento de las palabras y las cosas.

"Nunca más en mi vida tendré un cargo partidario", había prometido no hace mucho el ex presidente. La semana pasada, sin embargo, le dio el sí al ofrecimiento de los barones del conurbano para que se convierta en presidente del PJ bonaerense. "El Negro anda todo el día con su libretita de almacenero punteando concejales, diputados provinciales, intendentes y presidentes de comuna bonaerenses. Podríamos hablar de un repliegue táctico hacia su territorio para alambrar la provincia y, en todo caso, reservarse el lugar del encargado de estancia que le abriría la tranquera a Cristina", suelta el informante, que se jacta de haberle anticipado hace varios meses el decurso de los acontecimientos al hombre de Lomas de Zamora.

Lo mejor que podría pasarle a Duhalde y, por extensión, al PJ bonaerense es que la primera dama se decida a competir electoralmente en el gran bastión, consensuando la lista con Kirchner y con Felipe Solá, un personaje asfixiado por los gravísimos episodios de violencia y el clima de inseguridad.

Cualquier desenlace trágico de la ola de secuestros hará saltar por los aires al ministro del área, León Arslanian, y trasladará el terreno de las responsabilidades hacia Solá y la mismísima Casa Rosada.

Pese a que casi la totalidad de los medios de comunicación porteños interpretan que hubo un "fuerte respaldo" del presidente a Arslanian tras su catarata de vulgaridades hacia Juan Carlos Blumberg, el jefe del Estado se cuida de que nada interfiera su relación con el padre de Axel, estragado por la tragedia que implica la muerte de su único hijo, un episodio que muchos olvidan a la hora de caerle encima al único referente capaz de movilizar, hoy por hoy, a diversas capas de la sociedad.

Frente a la inminente salida del default y con una caja portentosa a la hora de llevar adelante medidas de carácter populista (un condimento nada desdeñable en medio del gravísimo cuadro de marginación social), Kirchner sabe perfectamente que el caso Patricia Nine (y otros que sobrevendrán) lo tendrá en tensión permanente.

Por eso no trepidó en saturar de gendarmes las peligrosas calles del conurbano bonaerense, una decisión que en otros tiempos hubiera puesto a la progresía en estado de deliberación y asamblea permanente.

Los vaivenes de la realidad, la intención que muchos adivinan en Roberto Lavagna de hacer "la gran Bielsa" (salir del default, establecer mínimas pautas de acuerdo con el FMI y correrse de la gestión esperando que la historia electoral le toque el timbre de su casa) y la escalada de presentaciones judiciales por los enigmáticos fondos santacruceños depositados en el exterior marchan en paralelo con el desvelo presidencial por tener chances de triunfo en los comicios del 2005.


Lilita en punta
Con Elisa Carrió liderando todas las encuestas en el distrito porteño, a la Rosada se le hace imprescindible la unificación de las elecciones. Pero antes deberá encarar un laborioso trabajo destinado a anudar acuerdos con los líderes peronistas provinciales con el fin de colar la mayor cantidad de candidatos kirchneristas en las listas.

Mientras los políticos locales continúan con su chabacano debate sobre el sistema electoral y el proyecto de ley de lemas chacarera (solamente para municipios chicos y comunas del interior) intenta ganar masa crítica en la Cámara de Diputados, desde lo más alto del poder político nacional se envían gestos en procura de cambiar la neblinosa gestión santafesina.

Curiosa contradicción: la provincia que más contribuye a mejorar los índices macroeconómicos del país (merced a sus productos primarios y al mecanismo de sustitución de importaciones que impulsan empresas radicadas en toda la extensión de su geografía) está atravesada más que ninguna por los conflictos sindicales.

El debate político, atrofiado de palabras gastadas y argumentaciones sin espesor, se convirtió, además, en un pesado lastre que nadie parece decidido a expulsar.

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