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 domingo, 16 de mayo de 2004

"La gente hace lo que puede por sobrevivir"
La gente de Los Amores sufre la pobreza y el desempleo pero reivindica la pertenencia a su tierra

El patrimonio más importante que tiene Los Amores es su gente, que a pesar de la pobreza que la agobia y la falta de humanidad con la que es tratada continúa una lucha sostenida para retener lo que le pertenece: su tierra. Casi el 70 por ciento de los habitantes de Los Amores viven de planes sociales y changas. La gran mayoría son jubilados o pensionados que sobreviven mientras mantienen la pelea. Todos tienen a un ser querido o antepasado enterrado en el cementerio de la comuna. Un terreno de 50 por 100 metros, que figura entre los lotes rematables.

"Esto en un país serio no hubiera sucedido jamás. No tiene gollete que esto suceda. Teóricamente, un agrimensor o un escribano que pone en una escritura como terreno baldío un lote donde hay un cementerio, marca una severa irregularidad formal. Y el escribano, si da fe de lo que pasa en su presencia, no se dio cuenta de que incorporaba un lote en el que hay un cementerio. Hay un severa irregularidad formal, notarial y profesional en esto", comenta Horacio Capurro, el abogado de la Fundación Servicio Jurídico Solidario de Reconquista que representa a los habitantes de Los Amores.

"Hay tumbas de principios del siglo XX. Y no es algo anecdótico. Esto marca un hito desde la época de La Forestal. Muchos de los que están enterrados allí son parientes de los que hoy viven en los terrenos. Bisabuelos, abuelos o padres de los que hoy viven en Los Amores, incluso de los que fueron obradores. Esta no es una cuestión meramente histórica que tengamos que buscarla en los libros, la estamos palpando en la realidad. Acá no se inventa nada. Esto surge de la realidad de un pueblo y de por qué existió ese pueblo", comenta el abogado Capurro.

Pero las urgencias son tantas en Los Amores, que el remate del cementerio quedó en segundo plano. Los vecinos del pueblo más norteño de la provincia tienen varios denominadores comunes: son pobres, hijos de obreros que fueron sojuzgados por sus patrones, sobreviven en un lugar donde el trabajo escasea, la producción no pasa por sus manos, sus hijos emigran y a muchos les vendieron más de una vez las tierras donde vivieron toda su vida. Y además, si rematan el cementerio, no tendrán ni donde caer muertos.

El trato es respetuoso: de señor, usted y permiso. Las mujeres saludan con dos besos, "como se saluda en el norte". Y todos tienen la necesidad de compartir lo que tienen. "Venga, entre, esta es mi casa", dicen.

Algunos vecinos, como Teresa -que no reside en Los Amores pero padece una situación similar en Cañada Ombú-, aclaran cuando pueden que hicieron todo lo que estuvo a su alcance. "Cuando la campaña política, desde la Fundación intentamos ver qué eco teníamos hacia el problema. Y nos dimos cuenta que los políticos se manejan por el margen de votos. Y es por eso que la cuña norte sufre estas injusticias. Porque no somos el Gran Rosario, no cortamos rutas, no tomamos los hospitales, no quemamos nada... La gente trabaja, lucha y hace lo que puede por sobrevivir. Entonces a nadie le interesa".

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