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 domingo, 18 de abril de 2004

Presa por matar a su esposo de 16 puñaladas
Investigan el ambiente "swinger" en busca de cómplices. La víctima trabajaba en el Congreso

Buenos Aires.- Una mujer quedó detenida bajo acusación de haber asesinado de 16 puñaladas a su marido, un empleado del Congreso de la Nación, en la localidad bonaerense de Lanús. La policía investiga si la acusada tuvo cómplices del ambiente "swinger" para cometer el crimen, indicaron fuentes policiales y judiciales.

La mujer, Ramona Jara, de 27 años, había denunciado en el momento del crimen que su marido José Omar Lopardo, de 47 y empleado de la imprenta del Congreso, había sido asesinado por delincuentes que entraron a robar en su casa. Pero por las contradicciones en su relato los investigadores creen que la mujer y quizás algún cómplice montaron la escena de un robo.

La policía siempre sospechó de la versión de Jara por varios motivos, entre otros, porque que en la casa tenían dos perros que los vecinos no escucharon ladrar.

Los detectives investigan si hubo cómplices en el asesinato de Lopardo, quien fue encontrado apuñalado y atado de pies y manos la madrugada del viernes en su casa de Lanús. Los eventuales cómplices son buscados entre personas allegadas a la víctima y su esposa, ya que al parecer ambos practicaban la modalidad sexual "swinger", que consta en mantener relaciones intercambiando parejas. En el escenario del crimen se hallaron revistas "swingers" con nombres de parejas dispuestas a hacer intercambio, tarjetas de boliches del ambiente y juguetes sexuales.

El caso es investigado por el fiscal de Lomas de Zamora Andrés Devoto, quien orienta la pesquisa hacia un crimen pasional. Uno de los indicios para sostener esa hipótesis es la saña homicida, ya que Lopardo fue asesinado de 16 puñaladas en el pecho y el abdomen, la mayoría de ellas en el corazón.

Además, Lopardo tenía un pañuelo en la boca, otro que le vendaba los ojos y una bolsa que le cubría toda la cabeza sujetada con varias vueltas de cinta de embalar. Estaba atado en forma de cruz, con sus brazos y piernas sujetadas a cada una de las puntas de la cama. "Una mujer no puede hacer ese trabajo sola", dijo una fuente de la investigación, aunque no descartó que el hombre prestara su consentimiento para ser atado en medio de una práctica sexual.

Los forenses encontraron rastros de semen en su pene, pero explicaron que la eyaculación pudo haber sido un acto reflejo por la saña del asesinato y no producto de una relación sexual. Además, Lopardo estaba vestido.

Según Jara, dos hombres entraron a la casa el jueves a las 20, la golpearon, le pidieron plata, sujetaron a su marido y lo asesinaron. En la casa, el matrimonio vivía con una hija de Jara de 7 años, pero según explicó su madre para no exponerla a los delincuentes le dio dinero para que hiera unas compras. "Es poco probable que los ladrones dejaran ir a la niña", dijo un investigador. La niña volvió a la casa y recién a la 1 de la madrugada del viernes Jara la despertó y pidió auxilio a un vecino.

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