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 domingo, 18 de abril de 2004

¿Te acordás, hermano?: Lelio Cordero, el fulbá cantor
El Loco jugó en Newell's del 50 al 54. Cantaba tangos con Haroldo La Rosa y vive en su casa del barrio Roque Sáenz Peña con la puerta abierta, como hace medio siglo

Miguel Pisano / Ovación

"A los pobres les dejaba, de noche la puerta abierta".

"Pasá, pibe. ¿Querés un Gancia?", saluda y se presenta magníficamente con cinco palabras mágicas Lelio Cordero, el ex fulbá de Newell's de los 50, en el comienzo del exquisito diálogo de la entrevista con Ovación.

Nada parece más fácil que llegar a la casa del Loco Cordero en el corazón del barrio Sáenz Peña, en el lejano sur rosarino. Una típica casa de clase media devaluada de los 50, que tiene invariablemente la puerta abierta de par en par como en el siglo pasado, y muestra la galería de fotos, trofeos y recuerdos que arma religiosamente cada ex jugador en el amplio living. Y en la cocina del fondo con los verdes azulejos vicri de antaño, el dueño de casa comparte la mesa con Juan Manili, su amigo de toda la vida de 83 años, con los que parecen los personajes de un cuento del Negro Fontanarrosa o una escena fellinesca del neorrealismo italiano.

Lelio Aldo Cordero nació el 13 de abril del 31 en la Bajada Saladillo, cuando el barrio era un gran mosaico verde de quintas, campos y bosques, donde acababa de desembarcar el frigorífico Swift, donde trabajaba su padre Casimiro, que era matambrero desde su inauguración en la década del 20, y que vivió hasta los cien años.

-¿Cómo era Saladillo en el 30?

-Puro campo y quintas, había cualquier cantidad de canchitas con buenos jugadores de hueco y potrero. Lucero tenía eucaliptus y adoquines gruesos, de piedra bola. Vivíamos en la Bajada Saladillo y cuando vino el Swift pobló todo eso. En el 38 estaba la famosa cancha de Picardo, que quedaba entre Laprida, Buenos Aires, Tupungato y Anchorena, frente a Roque Sáenz Peña, y tenía dos canchas de pelota a paleta. Los dos mejores cuadros que había eran Saladillo y La Unión, que estaba en Ayolas y Berutti. En aquellos tiempos íbamos a jugar a la cancha de El Favorito y cuando ganábamos teníamos que salir con la ropa en la mano.

-¿Dónde empezaste a jugar?

-En la cancha de Picardo y después en Victoria, un club de barrio que estaba en Arijón y Diana, donde el presidente era Castillo, y después en Saladillo. Yo iba a picar, a mirar de afuera y si faltaba alguno me llamaban y entraba con otro carné, hasta que me anotaron.

-¿Saladillo fue cuna de grandes jugadores?

-Y qué te parece. En el club Victoria nació Faina, que jugó conmigo en Newell's, y después se fue a Inglaterra. Y de este barrio también salieron Tissera y Bosniak, que jugaron en Central. La gente iba a ver los torneos y nos preguntaba qué hacíamos ahí perdiendo el tiempo, en vez de ir a Central o a Newell's. Un día un señor nos llevó a Central, pero fuimos varios miércoles y no fuimos más por la cantidad de jugadores que había y porque no teníamos a nadie que nos diera una mano.

-¿En Saladillo salieron campeones de cuarta especial?

-Sí, cuando me enganché en la cuarta especial de Saladillo salimos campeones, y eso que Central y Newell's tenían unos equipos bárbaros. Ese día Malaponte, el hermano del gobernador, nos pagó 30 pesos por cabeza.

-¿Cómo llegaste a Newell's?

-Cuando ya estaba bien baqueteado me fui a probar a San Lorenzo y a Ferro, pero no quedé porque les pidieron mucho. Entonces me vino a buscar Faina y Saladillo me vendió a Newell's en 65 mil pesos.

-¿Y cuánto eran 65 mil pesos en el 50?

-Y esta casa costaba 5 mil pesos y a mí me dieron 1.500, que era plata. Yo tenía los pasajes para ir a Colombia, donde me iba a ir si no me vendían, pero me quedé con mis viejos. En Newell's me dijeron que necesitaban un 3 aunque yo era 2, pero fui igual, cuando el técnico era Tarrío.

-¿En Newell's jugaste con Capote?

-Sí, estaba Vicente de la Matta, que jugaba bien y tenía una cancha bárbara. Nosotros teníamos 20 años y el tendría 35 y era un buen compañero.

-¿A de la Matta los más pibes lo trataban de "Usted, maestro"?

-Sí, mis viejos me inculcaron que siempre tratara a la gente con respeto. Como dice el tango: "Un mocito estudiante, que quiere ser letrado, pasa a nuestro lado, sin vernos siquiera, y nos mira como a un poste de alambrado". Mi padre siempre me decía: nunca vayás a jetear a ningún lado, si no tenés un peso hacé una changa, ayudale al parrillero. Y nunca seas tramposo: los impuestos, pagalos.

-¿Cómo formaba Newell's?

-Musimesi; Cabrera y Kasparian y después yo; Lombardo, Faina y Puisegur; Contini, Mardizza, Montaño y Ortiuela. En Newell's estuve cuatro años y después me fui a préstamo a San José de la Esquina hasta que el Loco Montaño me llevó a Huracán, pero no quedé porque el teniente coronel Ducó perdió las elecciones y nos volvimos. En Newell's los más grandes cobraban, pero yo estuve como dos años sin cobrar hasta que me dieron el pase.

-¿Sos tanguero?

-Soy tanguero, a la FM no la apago nunca. Y lo canto. Con Miguel La Rosa cantábamos juntos, en la época en la que el Haroldo cantó por radio como El futbolista cantor, en un programa en el que salía con un antifaz.

-¿Y vos eras el fulbá cantor?

-Sí, señor.

-¿El fútbol se emparenta con el tango?

-Ya lo dijo Gardel: el fútbol no es para otarios. Hay que portarse bien y ser un buen shoteador. "Por más que cuides a la dama de tus sueños, mi shot enamorado te acaba de hacer un gol".

-¿Gardel o Julio Sosa?

-Gardel, Goyeneche, Julio Sosa y Alberto Morán. Me gustan todos los tangos, pero Gardel es Gardel. El tango dice verdades. "Campaneame bien, hermano, que estoy listo en la palmera. Yo sé bien que la que espera, pronto volará". Gardel cantaba cualquier cosa pero fue el primero que cantó solamente tango. Y murió en su apogeo, como si Perón se hubiera ido en la primera presidencia.

-¿Es más difícil jugar que cantar?

-El fútbol es un juego de conjunto, no podés poner diez números 10.

-Como le pasó a Bielsa.

-El entrenador tiene que ser un compañero del jugador, no un déspota. Está siempre con cara de enojado, parece un cornudo viejo, no tiene felicidad de hogar. Tenés que tener uno como Palermo en el área y uno como Manso que le dé la pelota, como hacía el Torito Aguirre.

-¿Sos un bohemio?

-Sí, soy un bohemio: tengo un montón de plata en sueños.

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Lelio Aldo Cordero, un bohemio del fútbol.

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