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 domingo, 06 de julio de 2003

Análisis: El "fuego amigo" de la indómita Lilita

Mauricio Maronna / La Capital

El fuego amigo que Elisa Carrió descargó contra el campamento aliado agrietó al Encuentro Progresista como no había podido hacerlo siquiera el enemigo declarado (el peronismo provincial).

A Dios rogando y con el mazo dando, la indómita Lilita bajó a Rosario lanzando bombas racimo contra la UCR y el PDP, cuestionando la designación de un candidato a vicegobernador peronista y dividiendo la cancha socialista. "Un cielo módico para Hermes Binner y el infierno para Rubén Giustiniani", fue el mensaje implícito.

El viento a favor que recibió hace pocos días lo que insinuaba ser una remozada alianza fue neutralizado por las anestesiantes negociaciones para acordar cargos. Un capítulo interminable en el que cada protagonista intenta sobrefacturar su valor electoral. Si el Partido Justicialista se debe una urgente tarea de oxigenación tras 20 años ininterrumpidos en el ejercicio del poder, la coalición debería borrar de un plumazo la imagen de rejuntado electoral que dejaron sus anteriores experiencias en la provincia y el estrepitoso fracaso a la hora de gestionar desde la Nación.


De lobos y corderos
El que primero entendió el desafío fue Binner, quien el 31 de mayo de 2002 dijo en una entrevista: "Vengo de un gran desengaño con la Alianza. A esta película ya la vi, y no quiero tropezar dos veces con la misma piedra. Tenemos que darles respuestas a los que sufren, y esto no se soluciona con candidaturas". El desplante de Carrió demuestra que cuando las construcciones no se hacen desde abajo hacia arriba el riesgo de repetir la historia es infinito. "Acá hay lobos disfrazados de corderos. El ARI santafesino es impresentable, peor que el Frente Grande. Reclaman diputados, senadores, listas comunes donde no tienen ni un militante y después salen a castigarnos desde el purismo", bramó un operador socialista, con la batería del celular al borde del incendio.

En verdad, la posición de la chaqueña, criticando al intendente por haberse aliado "con lo peor del pasado" pero reservándole el apoyo a su candidatura a gobernador (ya ni siquiera a la fórmula) es poco sustentable desde la praxis política. "¿Somos todos delincuentes menos el que nos invita a participar de un espacio de poder? No se entiende nada... Le estamos regalando otra vez la Gobernación al justicialismo. La Gorda ya le dijo todo lo que pensaba, ahora Binner deberá decirle qué es lo que piensa él", se envalentonó un radical celeste.

La pintura de la interna del centenario partido aparece hoy por hoy más mixturada que nunca: el amarillo, el celeste, el blanco y el verde han dejado de ser valores precisos de referencia. Lo dijo con todas las palabras Pablo Cribioli, candidato a intendente: "Los responsables son los que se sientan a negociar pensando pura y exclusivamente en sus intereses personales". La vocación suicida por la interna hace que los mejores referentes de la UCR bajen el ánimo.

El mejor ejemplo es el de Alberto Beccani, un senador eficiente, serio y con sentido común, quien debió renunciar a la presidencia de Convergencia hastiado de la guerra de guerrillas.

El protagonismo de Carrió en la bota santafesina también sacó de escena a Giustiniani, el cuadro político mejor preparado que tiene el Partido Socialista a la hora de articular estrategias de poder e impedir que todos los centros caigan sobre al área chica de Binner, el gran elector de la oposición.

La ocre realidad que atraviesa a la política local deja un dato curioso: la capacidad de daño que generan las internas es superior a la que provoca el adversario político. Con la cancha embarrada, los socialistas deberán cerrar filas en derredor de Binner y aguantar el embate del radicalismo que, ante la deserción del ARI, prepara a sus arietes para ocupar los espacios vacíos. Buena parte de la Unión Cívica Radical rosarina se encamina hacia un único anhelo: que Horacio Usandizaga acepte ser candidato a intendente "antes del minuto 90", como admiten en estricto off.


Los desafíos del Lole
En la vereda de enfrente, Reutemann prepara la charla técnica, se frota con aceite verde, prueba su rasgada campera roja de campaña y cuenta los minutos para salir a la cancha. "Para mí va a ser como la final del Mundial. ¿Cómo voy a hacer? Las finales no se explican, se ganan...", sostiene el Lole en la intimidad, y con ánimo renovado pese al clima de cambio que se advierte en la provincia.

En medio de tanta pirotecnia y sobreoferta de adjetivaciones, no pocos se preguntarán: ¿dónde están las propuestas, los programas, la renovación dirigencial, la nueva política? Lamentablemente, los interrogantes clave siguen sin tener respuesta.

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