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 domingo, 05 de agosto de 2007  
Berlín vive un auge artístico y cultural

Rosa Aranda / DPA

Berlín vive un auge artístico difícil de detener. Poco a poco se ha convertido en el epicentro artístico de Europa y en un hormiguero de galerías y artistas provenientes de todo el mundo que buscan su oportunidad en esa ciudad impregnada de historia.

   Cada año miles de artistas y galeristas, muchos de ellos hispanohablantes, abren sus estudios y sedes en la capital alemana, pues desde que cayó el Muro en 1989, ofrece un espacio independiente y virgen abierto a las ideas más creativas y valientes del mundo.

   “Hay un motivo material muy claro. Berlín es barato. Con poco dinero se puede vivir y experimentar la ciudad. Las rentas de los estudios siguen siendo bajas. Es una ciudad clave en medio de Europa y además se puede hablar inglés”, dijo el galerista Gerd Harry Lybke, primero en llevar su galería, Eigen+Art, al céntrico barrio de Mitte, antigua parte oriental y donde se concentra la mayor parte de la actividad artística.

   Lybke, que buscó para su galería la calle de Auguststrabe, en pleno barrio judío y sobre la que se articula el panorama artístico de la ciudad, considera que en Berlín, el arte tiene además un importante valor político, algo que según él, hasta se respira en la ciudad. “Es una generación que se identifica con el arte como nosotros lo hacíamos en los 60 con la música”.

   “Berlín te necesita, puedes participar en ella, construirla. Otras, como Londres o Nueva York, te comen”, agregó Lybke, natural de la ciudad oriental de Leipzig, en la que tiene otra galería.



Un argentino. Miguel Rothschild es un buen ejemplo de los primeros extranjeros en llegar a esa ciudad, en 1991, cuando todavía no se podía predecir que por primera vez desde la década de los 20, Berlín se convertiría de nuevo en una metrópoli del arte con resonancia internacional.

   “Cuando vine de Buenos Aires casi no había galerías de arte moderno, faltaba competencia, pero ahora sí que la hay, es una ciudad muy moderna, flexible, con muchos artistas y curadores, con buenos proyectos y galerías de todos los tamaños y gustos”, expuso.

   Sin embargo, también se palpa frustración, reconoció Rothschild. “Viene mucha gente como antes sucedía en Nueva York, proyectando aquí sus fantasías, creen que van a ser descubiertos porque en Berlín todo es posible, pero esta ciudad es también muy dura”, confesó.

   Descendiente de una de las familias de banqueros judíos más ricas de la Alemania prenazi, Rothschild creció y estudió en Buenos Aires, a donde migraron en los años 30.

   Rothschild, que mientras tanto se ha hecho su hueco en Berlín, trabaja todo tipo de materiales, exagera con sarcasmo el dramatismo y casi siempre de forma irónica como en la obra “Rothschild reclama su herencia”, expuesta en el famoso museo Pérgamo. Con ella se presenta como artista que llega a Alemania para exigir su herencia por su apellido.
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