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lunes,
25 de
junio de
2007 |
La destacada: Usurpadores de títulos
Así como en la película "La invasión de los suplantadores de cuerpos" _basada en la novela de Jack Finney, llevada al cine en 1956, en 1978 y 1993_ aparecen individuos que no eran realmente lo que parecían, donde los "suplantadores" son exactamente iguales que los humanos, pero no son humanos. El avance de la invasión es imperceptible, pero parece imparable porque progresiva y silenciosamente todos van siendo suplantados. Lo mismo sucede en la Argentina desde hace décadas, donde unos seres inescrupulosos hacen cualquier cosa con tal de usurpar lo que no les corresponde.
El tema ha recobrado vigencia a raíz de la usurpación del título de "licenciado en Comunicación Social" de Telerman. Y ahora el del "ingeniero" Blumberg. Ambos usurparon lo que no les correspondía, pero no son los únicos, hay miles de abogados en todo el país que se hacen llamar "doctor" cuando jamás en su vida hicieron un doctorado. Tenemos cientos de conductores de programas radiales y televisivos que se hacen llamar "periodistas" cuando nunca cursaron ni una materia de la carrera. Popularmente se los conoce como "truchos". Tenemos locutores truchos, escritores truchos, fotógrafos truchos, plomeros truchos, electricistas truchos, taxistas truchos, albañiles truchos, docentes truchos e incluso médicos truchos. El impostor lo que intenta con este ardid es apropiarse (en la película usurpa los cuerpos), aquí usurpa la idea de que posee el conocimiento de los verdaderos doctores, licenciados, profesores y profesionales varios. En realidad usurpa el título, pero los que lo rodean, al verlo actuar, en breve tiempo se dan cuenta que no sabe nada, que miente; pero el daño ya está hecho. Y lo peor de esto es que en muchas instituciones, cuando el entorno descubre la impostura, para evitar un escándalo siguen protegiendo al trucho, pagándole el sueldo hasta que él o ella se dignen a irse a engrupir a otro grupo social. El caso de Telerman es emblemático, cometió un delito, lo vieron todos, está en un cargo público y sigue cobrando su jugoso sueldo de Intendente. Esto sucede porque habitamos un país donde predomina "el todo vale", donde la impunidad se pasea por las calles, donde la mentira es la verdad. Que no nos pase como esa inolvidable e inquietante escena de la película citada, donde el indefenso protagonista corre sobre la ruta gritando y gimiendo a los conductores, tratando de alertarlos y estos lo miran sin entender, indiferentes a la amenaza que les acecha.
Alberto Seoane
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