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 sábado, 17 de febrero de 2007  
Nuevos roles docentes: entre la expansión tecnológica y la pobreza

Marcela Isaías / La Capital

Bastó que en la sala aparecieran caricaturas mostrando una escuela desbordada de niños (y problemas), con docentes exigidos en los más diversos sentidos, muchas veces contradictorios, o la de una escuelita muy pobre cerrada con un moño, como síntesis de lo que por largo tiempo se entendió por calidad educativa, para que los más de 3.500 educadores que estaban en el teatro Gran Rex de Buenos Aires aplaudieran y se rieran de sólo verse reflejados.

Todos habían llegado, desde distintos puntos del país, para concurrir el lunes y martes pasados al 6º Congreso Internacional de Educación de Santillana. Las imágenes las había elegido la reconocida pedagoga ecuatoriana Rosa María Torres. Uno de sus 20 libros publicados, “Itinerarios por la educación latinoamericana” (Paidós) y realizado con apoyo del Convenio Andrés Bello, la muestra como de las más conocedoras de la realidad educativa de la región.

Las risas de los maestros, por cierto no de alegría, llegaron casi en la mitad de la disertación de Torres. Las imágenes proyectadas habían sido escogidas para resumir la escuela heredada de las reformas de los 90 y las realidades a las que la enseñanza pública quedó atada. No fue casual que las primeras palabras pronunciadas por Rosa María Torres, también candidata al doctorado en lingüística hispánica (México), fueran para describir un escenario escolar donde la expansión de las nuevas tecnologías pesa tanto como la expansión de la pobreza.

En ese marco de contrastes y fragmentación es que la especialista se propuso pensar en el tema de su conferencia: “Nuevas escuelas, nuevos docentes”. “No voy a hablar del deber ser, sería hacer un listado de deseos o prescripciones, sino de lo que está siendo”, dijo para advertir a un público docente ávido por escuchar por dónde pasan hoy los cambios.

Y agregó: “Lo nuevo no siempre es lo mejor o lo deseable. Esta es una invitación a recuperar la capacidad de acción desde lo propio”.

La titular del Instituto Fronesis (www.fronesis.org) se valió de tres ejemplos tomados del sistema escolar para introducir el debate sobre “lo nuevo” en materia docente. El primero de los casos se refirió a los Profesores Generales Integrales (PGI). Una experiencia desarrollada en Cuba, en el marco de una nueva revolución educativa que la isla encara desde el 2002.

Los PGI son la salida que la educación cubana le buscó para atender a una franja de edades conflictiva para cualquier sistema escolar del planeta: la comprendida entre los 12 y 14 años, y que en nuestro país equivale a los chicos que cursan el tercer ciclo de la EGB (de 7º a 9º años).

Como lo dice el término, los profesores generales integrales son los que tienen a su cargo todas las áreas, pero no ya para enseñar lo específico de una disciplina, sino para facilitar los aprendizajes. Lo específico de las materias llega en teleclases; a excepción de inglés y educación física.

Claro que, además, el número de alumnos por aulas no supera los 15 y se trabaja en jornadas extendidas.

Tal como explicó Torres, la experiencia es incipiente y, según se sabe, los inconvenientes se enmarcan en la falta de infraestructura, recursos humanos y equipamiento. Además de cierta crítica de los padres, que no se terminan de adaptar a los televisores en las aulas.

Igual vale recordar —como lo hizo la especialista— que Cuba tiene 11 millones de habitantes, de los que hoy estudian 2,7 millones; su tasa de escolaridad es del ciento por ciento y, por citar otro dato, el 99,7 por ciento de los habitantes completó su secundario. No hay analfabetos.


Cristinianismo y perfección
En el otro extremo, Rosa María Torres ubicó su segundo ejemplo de “lo nuevo” en materia docente. Eligió en este caso la experiencia educativa del Grupo Marín, nacida en 1929 de la mano de la congregación lasalliana, y hoy (desprendida de la misma) convertida en grupo multimedio.

El Grupo Marín trabaja en Buenos Aires, agrupa distintos niveles de enseñanza (desde jardín hasta el terciario) y paralelamente participa de un paquete económico que incluye desde cabañas de esparcimiento, medios de comunicación y alianzas con buscadores de internet.

El grupo pone el acento en el uso de las nuevas tecnologías. A tal punto que, explicó Torres, definen a su enseñanza como trilingüe: castellano, inglés y lenguaje tecnológico. Y en su ideario de trabajo convive la visión cristiana junto a la formación para la solidaridad, la perfección, la calidad y las tecnologías.

En la clase cada alumno cuenta con su computadora y el docente no es un reproductor sino un investigador.

Para Torres no se trata de invalidar la experiencia porque provenga del campo privado de la educación, sino más bien de problematizar sobre la misma y pensar cómo puede contribuir al sector público.

“Más allá de que la tecnología funcione bien, es (la experiencia) para sectores con importantes recursos, accesible para una elite. Se trata de un modelo imposible de replicar masivamente en la educación pública”, opinó.

El tercer punto fue la nueva escuela en América latina, ya caracterizada por la pobreza y las desigualdades.

En varios pasajes invitó a los docentes a pensar el papel de las nuevas tecnologías en la enseñanza y en especial a no verlas como la panacea a todos los males.

“Sucede que una mala escuela con computadoras es eso: una mala escuela con computadoras”, sentenció Torres para ganarse nuevamente el aplauso de los docentes.

La pedagoga no omitió en su conferencia referirse al papel del Banco Mundial, en especial en las reformas educativas latinoamericanas. La contundencia de lo que piensa de este organismo llegó al responder la pregunta de una maestra presente en el congreso: “¿Cual debería ser el rol del Banco Mundial en la educación?”

“Ninguno, un banco es un banco —contestó Torres—. ¿Qué hace un banco metido a educador? Un banco presta plata para que se la devuelvan con intereses. Es por definición una mala agencia de cooperación. El Banco Mundial le pone las cifras a las investigaciones que ellos mismos hacen”.

Más allá de que en todo momento la educadora llamó a los docentes a recuperar la capacidad crítica, dejar de lado la búsqueda permanente de recetas y mirar las respuestas en la propia cultura, caracterizó a la época como de redefiniciones. Y en ese contexto apeló una vez más “a defender el derecho a una buena educación para todos, a lo largo de toda la vida”.


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Ante más de 3.500 maestros reunidos por Santillana, la especialista ecuatoriana cuestionó el papel del Banco Mundial en educación.

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