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 sábado, 27 de mayo de 2006  
Otro capítulo de "Monos" y "Garompas"
Un nuevo homicidio en la cruel guerra de bandas en Las Flores
Un pibe de 22 años fue asesinado de un tiro en la nuca. Cinco meses atrás salió de prisión. Presumen que es un "vuelto" por un ataque perpetrado hace 15 días

Un silencio cómplice y una mirada esquiva se denotaba entre los vecinos de la villa que se levanta en Pineda al 7000, junto a la avenida de Circunvalación, allá por donde el camino bordea a Las Flores. La tarde caía sobre la humilde barriada cuando la gente se arremolinaba en torno al cuerpo inerte de Félix Verón, un muchacho de 22 años que acababa de ser asesinado a sangre fría por dos jóvenes que le salieron al paso cuando caminaba junto a su pareja y, sin mediar palabra, le dispararon un balazo calibre 9 milímetros en la nuca. Para la policía, el hecho es un eslabón más de la ya histórica guerra desatada entre Monos y Garompas en las calles del sur rosarino, un enfrentamiento que cuenta por decenas a sus víctimas fatales y que parece no tener fin. Al cierre de esta edición, a metros de donde se perpetró el asesinato, la policía detuvo a un pibe de 19 años que, según testigos, tenía aún puestas las prendas que uso al momento del hecho.

Verón había salido de prisión hace cinco meses. Era "la mano derecha de Eduardo Paio Rivero, uno de los líderes de los Garompas, con quien había caído preso en marzo de 2004 cuando asaltaron una verdulería de Laprida y Savio, en el barrio Tiro Suizo, y tomaron como rehénes a los empleados del lugar", recordó un vocero policial que sigue paso a paso los ajustes de cuentas en el corazón de Las Flores y que sabe que Paio está prófugo tras desaparecer después de una salida transitoria de prisión.

Esa misma fuente no dudaba en asegurar que "esto es un vuelto por el ataque a balazos que el 10 de mayo pasado sufrió Claudio Ariel Cantero, hijo del líder de los Monos", quien actualmente purga una condena por narcotráfico en el penal federal de Resistencia.

No obstante esas afirmaciones policiales, cuando la tarde se hacía noche en el extremo sur de la ciudad y los cuerpos se convertían en siluetas, los familiares de Verón llegaron al lugar y gritaron sin miramientos: "Este muchacho era bueno y no aceptaremos que la policía diga que fue un ajuste de cuentas"

El crimen ocurrió pasadas las 17.30. Félix Verón caminaba junto a Marta Corso, una chica de 22 años y portadora de un apellido que ya tiene una víctima en esta desenfrenada guerra. El Gordo Pel, quien en realidad se llamaba Fernando Omar Corso y cuyo cuerpo, atado de pies y manos, fue hallado a fines de marzo de 2004, veinte días después de que se denunciara su desaparición. Estaba semienterrado en un descampado próximo a la avenida de Circunvalación y Centeno. Entonces, la familia del muchacho supo a través de algunos vecinos que el pibe, con amistades entre los Garompas, "había caído en manos de los Monos".

Cuando Félix y Marta caminaban por Pineda al 7000, dos jóvenes le salieron al cruce. A la chica no la tocaron, tal vez ni la miraron. A Félix lo encerraron. Uno por adelante, el otro por atrás. Entonces recibió un balazo calibre 9 milímetros en la nuca que lo mató en el acto. Después, los homicidas escaparon del lugar y la joven quedó arrodillada junto al cuerpo de su pareja. Muy cerca de ellos había quedado la vaina de la bala asesina.

"Félix tenía una hija chiquita y estaba con licencia por un accidente en su trabajo en una empresa papelera, no sabemos que hacía acá", comentó Julio Romero, tío de la víctima.

Mientras el cuerpo de Verón era sometido a una autopsia en el Instituto Médico Legal, pesquisas de la Brigada de Homicidios y la subcomisaría 20ª seguían rastrillando la zona en busca de los asesinos. En una vivienda de Conscripto Bernardi y las vías del ferrocarril, muy cerca de donde fue el crimen, apresaron a un muchacho de 19 años. "Todavía tenía puesto el buzo que describió la chica que acompañaba a la víctima", aseguró uno de los investigadores a la vez que se preguntaba cuántas víctimas más habrá en esta guerra sin cuartel entre las dos bandas.
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Los hermanos de Félix lloran junto al cadáver del joven muerto.


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