Año CXXXVII Nº 49122
La Ciudad
Política
Economía
La Región
Información Gral
El Mundo
Opinión
Policiales
Ovación
Cartas de lectores
Estilo


suplementos
Educación
Escenario
Ovación Mundial


suplementos
ediciones anteriores
Mujer 21/05
Educación 20/05
Salud 17/05
Página Solidaria 10/05
Estilo 29/04
Autos 27/04

contacto

servicios
Institucional

 sábado, 27 de mayo de 2006  
Reflexiones
El peligro de reescribir la historia

Jorge Levit / La Capital

La última edición del libro "Nunca Más", el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), contiene un prólogo que antecede al original y que pretende contrarrestar una supuesta "teoría de los dos demonios" de la obra, publicada en 1984. Quienes sostienen que en la Argentina de la década del 70 la violencia de los grupos guerrilleros es equiparable al terrorismo de Estado se equivocan tanto como aquellos que no admiten que dirigentes de ultraizquierda cometieron crímenes imperdonables y condujeron a miles de jóvenes a un delirio colectivo que finalmente le costó la vida a una generación.

El prólogo de la versión original del "Nunca Más" no denota de ninguna manera que en la Argentina hubo dos "demonios". Por el contrario, dice que "la dictadura produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje". Y pone como ejemplo inverso al Estado italiano que no se apartó de la ley para combatir a las Brigadas Rojas. "No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas -dice el prólogo original- las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos". Una definición clara y demoledora de lo sucedido que no era necesaria complementar con ninguna otra reafirmación, al menos en el propio libro donde se detalla con minuciosidad el horror de aquellos años.

La nueva edición del "Nunca Más", por el 30º aniversario del golpe de Estado, dice que "es preciso dejar claramente establecido -porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes- que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas, como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado que son irrenunciables". El texto -de poco más de dos páginas y con el que la mayoría coincidiría- no aporta mucho más y lo suscribe la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

Está muy claro, antes y ahora, que a los grupos irregulares de cualquier orientación ideológica el Estado no puede combatirlos con más crímenes y con una organización sistemática, ilegal y casi industrial de represión y muerte. Ese Estado se convirtió en la Argentina en terrorista, en criminal y con una voracidad delictiva que no encontró límites. Y eso fue lo que ocurrió. A la dictadura no le bastó con asesinar a miles de argentinos, sino que también les robó sus hijos, sus pertenencias y su historia. Ello no significa que deba olvidarse a la izquierda y a la extrema derecha peronistas como a otras facciones armadas que habían convertido al país en un polvorín donde a diario se despreciaba la vida.

Pero en la Argentina no existieron dos demonios: hubo bandas armadas asesinas y un Estado terrorista criminal que no sólo las combatió ilegalmente, sino que amplió el abanico demencial a sus amigos, familiares o simples integrantes de una agenda telefónica. También a obreros, profesionales, religiosos, pacifistas o jóvenes que trabajaban en las villas miseria para hacer más digna la vida de esa gente. No hubo guerra ni demonios. Son dos cosas distintas que el "Nunca Más" original ya estableció con claridad hace 22 años.

Por eso, reescribir y agregar análisis político sobre la obra original aparece como poco aconsejable y un tanto peyorativo al trabajo de sus redactores, entre ellos el del escritor Ernesto Sábato. No se trata de censurar ningún enfoque sobre lo que ocurrió, sino que el lugar elegido no es el más oportuno. Porque si se abriera a otros sectores la posibilidad de prologar el informe, con seguridad lo harían.

Por ejemplo, los civiles y militares -en un antecedente muy peligroso para la democracia- que organizaron esta semana un acto en Buenos Aires para reivindicar a los presos por la represión ilegal tienen un visión totalmente opuesta de lo sucedido en esos años. Afortunadamente, ese enfoque sólo lo comparte una minoría de la población. Pero se animaron a desafiar la ley y seguramente serán sancionados. Desde la vuelta de la democracia fue uno de los pocos actos en los que se recordó con nostalgia al terrorismo de Estado y sus crímenes. Una demostración política que no puede pasar desapercibida y enciende una luz de alerta.

Los militares en actividad o retirados están subordinados al poder político, les guste o no. Y toda su labor está únicamente circunscripta a la defensa nacional. Sólo a la defensa y no al espionaje interno.

Prologar otra vez el "Nunca Más" original fue inoportuno, pero reivindicar la barbarie de la dictadura es violar la ley. No son otros dos "demonios", sino acciones distintas que también deberán ser valoradas en su justa medida. Una valoración con sus correspondientes respuestas si se quiere lograr estabilidad política para las próximas décadas.

[email protected]


enviar nota por e-mail
contacto
Búsqueda avanzada Archivo

  La Capital Copyright 2003 | Todos los derechos reservados