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sábado,
27 de
mayo de
2006 |
Efemérides
Un 27 de mayo
Guillermo Zinni / La Capital
1840: Paganini, uno de los violinistas más virtuosos de todos los tiempos El compositor italiano y virtuoso del violín Nicolo Paganini nació en Génova el 27 de octubre de 1782. Hijo de un modesto comerciante amante de la música, recibió de su padre las primeras lecciones en la mandolina, instrumento muy popular en la época. Estudió luego con maestros locales y pronto demostró ser un niño de cualidades excepcionales. A los ocho años realizó su primera composición y a los nueve hizo su primera aparición pública, todo lo cual llevó a que lo consideraran un niño prodigio. A los 13 realizó una gira por varias ciudades de Lombardía y, de naturaleza rebelde, al año siguiente abandonó su casa siendo ya para entonces un músico destacado. Para 1801 había compuesto más de veinte obras en las que combinó la guitarra con otros instrumentos. De 1805 a 1813 fue director musical en la corte de Maria Anna Elisa Bacciocchi, la hermana de Napoleón. Fue un maestro en la técnica de la "scordatura", la cual consiste en cambiar la afinación de una o más cuerdas del instrumento para producir ciertos sonidos imposibles de conseguir con un violín afinado en forma convencional. Su técnica asombró tanto al público de la época que llegaron a pensar que existía algún influjo diabólico sobre él. Podía interpretar obras de gran dificultad únicamente con una de las cuatro cuerdas del violín
-retirando primero las otras tres, de manera que éstas no se rompieran durante su actuación- y continuar tocando a dos o tres voces, de forma que parecían varios los violines que sonaban. Su virtuosismo era tan grande que despertó envidia y sus contemporáneos no se lo perdonaron: hicieron correr la voz de que Paganini le había vendido el alma al diablo por la perfección de su arte y por el amor de una mujer, y este rumor fue tan dañino que cuando murió en Niza, Francia, el 27 de mayo de 1840, víctima de la tuberculosis, le fue negada una sepultura cristiana. El poeta Eduard von Bauernfeld describió a Paganini: "Se trata de un músico celeste e infernal al que uno escucha entre fascinado y sorprendido por su técnica diabólica y por las reverencias que hace inclinando su cuerpo flaco y negro, pareciéndose a un títere movido por cuerdas". Sus obras incluyen veinticuatro caprichos para violín solo (1801-1807), seis conciertos para violín y orquesta y varias sonatas.
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