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sábado,
27 de
mayo de
2006 |
Grondona, el padre de la criatura
Jorge Salum / La Capital
La Argentina recién había quedado eliminada en la primera ronda del Mundial de Corea-Japón. A Julio Grondona, el patrón del fútbol nacional, le preguntaron entonces qué hacer para que la historia no se repitiera. Y él, que siempre tiene una respuesta para todo, bajó línea: “Es fácil. Hay que juntar a los campeones mundiales juveniles de Qatar, Malasia y Argentina, y ya está”, dijo.
Para eso, cuando Marcelo Bielsa le dio el gusto de correrse de la escena, puso al frente de la selección a José Pekerman. Fue la oportunidad que esperaba para corregir lo que considera un error personal, no tanto por el fracaso del 2002 sino porque el rosarino nunca lo dejó meterse en el rol de seleccionador.
Pekerman es distinto. Tiene una formidable capacidad para descubrir talentos adolescentes que luego devienen en figuras, es cierto, pero para Grondona posee un plus que valora mucho más que aquella cualidad: es, esencialmente, un tipo obediente.
Por eso destila felicidad el presidente de la AFA cuando dice que siempre creyó que “esto iba a llegar” (Ver entrevista en la página 5). Se refiere al plantel con el que la Argentina buscará en Alemania lo que todos creíamos que obtendría en el lejano oriente hace cuatro años. Un plantel en el que además pudo colocar a Ustari y en el que brillan por su ausencia Zanetti y otros referentes de la era Bielsa.
Cumplida su voluntad, se acerca el momento de comprobar si la idea del jefe es capaz de conducir a la selección al lugar en el que todos queremos verla. El será el autor intelectual de un hipotético triunfo. ¿Lo será también en el caso de una nueva frustración?
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