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 sábado, 27 de mayo de 2006  
Tras los pasos de su antecesor. Joseph Ratzinger pronunció su más dura homilía
El Papa cargó contra las desviaciones de la fe y las tentaciones modernas
Benedicto XVI ofició misa ante unos 300 mil fieles reunidos bajo la lluvia en una plaza de la capital de Polonia

El Papa Benedicto XVI advirtió ayer con insistencia a los cristianos sobre los peligros que conlleva la desviación de la fe y las tentaciones del espíritu moderno, durante la ceremonia religiosa que ofició en Varsovia, la capital de Polonia.

Según el Pontífice, los creyentes deben atenerse a la tradición de la Biblia y de la Iglesia, "aunque esta sea a veces difícil de entender".

Las palabras de Jesucristo no deben ser falseadas y nadie puede cambiar el Evangelio "sólo porque considere que incomoda demasiado al hombre moderno", sostuvo el Papa.

Al principio, el Papa intentó proyectar buen humor. La intensa lluvia que caía ayer a la mañana sobre la plaza de Pilsudski "es una bendición del cielo", opinaba mientras pedía en polaco a los creyentes que "aguantasen". Pero entonces la sonrisa desapareció del rostro de Benedicto XVI, que se sentó con cara de preocupación bajo la lona. Más de 300 mil fieles esperaban en la gigante plaza empapados y tiritando, muchos de los cuales habían llegado muy temprano para conseguir un buen lugar. Sin embargo, la misa no fue precisamente alegre.

En cierto modo, el sermón que el Papa había preparado era muy adecuado para el ambiente que se respiraba. Aunque Benedicto XVI no podía haber elegido un modo más extraño de calentar los corazones. Lo que Joseph Ratzinger ofreció a los oyentes congregados bajo la lluvia no fue fácil de digerir: advertencias sobre la desviación de la fe, sobre las tentaciones del espíritu moderno, la exhortación de creer, "aunque a veces sea difícil de entender".

Nunca antes desde que fuera elegido Pontífice hace más de un año había hablado de forma tan vehemente, tan inexorable, tan intransigente. Así, no sorprende que los gritos de la multitud se quedaran en susurros. La lluvia no era la única que otorgaba gravedad a la plaza.

"En los últimos siglos, pero también hoy, hay personas y grupos que ensombrecen la tradición centenaria, intentan falsear la palabra de Cristo", dijo Benedicto XVI, dirigiéndose a los creyentes de nuevo como el viejo Ratzinger, el anterior guardián de la fe del Vaticano que gustaba de llamarse a sí mismo "empleado de la verdad".

Benedicto XVI aprovechó su estancia en Varsovia para exigir la fe en la Biblia. "Todos los cristianos están llamados a confrontar sus propias convicciones con las enseñanzas del Evangelio y de la Iglesia, para mantenerse fieles a la palabra de Cristo aunque humanamente sea difícil de entender". "La multitud habría preferido escuchar que su querido Juan Pablo II pronto será beatificado", opinaba un observador.


Ni relativismo ni subjetivismo
Contra el "relativismo y el subjetivismo", contra las interpretaciones del Evangelio arbitrarias, convenientes y selectivas: este es el tema al que Ratzinger se ha entregado en cuerpo y alma desde hace décadas. "A veces, también eso es necesario", opinaba un teólogo alemán en Polonia.

Mientras tanto, un comentarista hablaba de las "sorprendentes y severas palabras" del Papa en la radio polaca. Un "buen padre y un estricto profesor" ha llegado a Polonia, escribía un diario tras el primer día de la visita del Pontífice, que llegó al país anteayer.

Tras la misa, el Papa caminó entre la multitud de fieles acompañado por las fuerzas de seguridad. Cientos de personas intentaban tocar al líder de la Iglesia Católica o fotografiarlo.

Hoy el Papa se trasladará a Czestochowa, una ciudad en el sur de Polonia a la que acuden los peregrinos para venerar a la Virgen Negra. Posteriormente tiene previsto viajar a Cracovia, donde su predecesor Juan Pablo II ejerció como cardenal.

Pero lo que la mayoría de los polacos desea es que el Papa alemán les conmueva. Quieren que hable mucho en polaco y que recuerde con frecuencia a su antecesor Juan Pablo II, revelan las encuestas. Por ello, para muchos ciudadanos el "viaje sentimental" que Benedicto XVI llevará a cabo hoy a la casa natal de Karol Wojtyla en la pequeña localidad de Wadowice, en el sur de Polonia, será el momento culminante de su visita, más importante aún que la estancia del Papa de mañana en el antiguo campo de concentración de Auschwitz, símbolo del terror nazi, donde rezará junto con los sobrevivientes del Holocausto. (DPA)
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El Sumo Pontífice volvió a mostrarse duro ayer.

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